Introducción

En tiempos de confusión conceptos elementales, como el matrimonio y la familia, pueden mezclarse y desordenarse hasta mudar de significado, y perder su claridad y concierto. La consecuencia de ello es la perplejidad, el desasosiego y la turbación de ánimo de las personas. Esto bloquea y dificulta la posibilidad de optar por las justas decisiones.

En este curso se pasará revista a algunos de los contenidos más relevantes, en los que está haciendo impacto la actual confusión. Se trata de rescatarlos y devolverles su genuino significado. Al mismo tiempo, se procurará proveer a los asistentes de los recursos necesarios (racionales, demostrativos y argumentativos) a fin de que, de un modo riguroso y cualificado, les sirva de orientación para conducir sus decisiones hacia su personal y seguro destino.






Contenido

1. El relativismo y la "cultura del Yo"
2. La intolerancia a la incertidumbre , a la ambigüedad y al incesante flujo informativo
3. Masculinidad y Feminidad
4. Paternidad, maternidad y filiación: ¿meros roles sociales?
5. La fecha de caducidad del amor humano: "hasta que la relación funcione"
6. Repensar la cuestión de la fidelidad conyugal
7. Libertad e intolerancia a la frustración en las relaciones humanas
8. Atrapados por el sexo: ¿Es necesaria hoy la educación sexual de los hijos?
9. Una investigación sobre el noviazgo: la comunicación y el conocimiento del otro
10. ¿Cómo mejorar la resiliencia de la pareja?
11. Las consecuencias de ciertas políticas familiares
12. La "antropología conveniente" que sostiene el matrimonio cristiano.

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Cientos de años atrás, en la Roma Clásica, las ceremonias nupciales duraban varios días y consistían de varios ritos distintos: en la víspera del día de la boda, la novia llevaba un cíngulo y un velo mientras le ofrecía los juguetes de su infancia a los dioses del hogar. Después llegaba la cena nupcial, en la que, tras más ceremonias, los novios quedaban unidos para el resto de sus vidas. En la India, incluso hoy en día, una boda incluye antiguos rituales para alejar a los malos espíritus. Luego se hacen los votos, y el padre o el hermano del novio arroja pétalos de flores sobre la pareja. O en China, por ejemplo, el color rojo es un invitado de honor a las bodas, pues simboliza amor, alegría y prosperidad. Muchos detalles nupciales, desde las tarjetas de invitación hasta las decoraciones de las casas de los novios, tienen este color.

Todo esto nos puede parecer un poco extraño, pero en realidad es lo natural. El matrimonio no es algo propio de Occidente y del Cristianismo solamente: es algo que es parte de la esencia misma del hombe, algo común a todos los tiempos, a todas las culturas y a todas las religiones. Por eso, con el paso del tiempo y en todos los rincones del mundo, es algo que se ha vivido de algún modo. Entonces, podemos preguntarnos, ¿por qué algo que en apariencia es tan “terrenal” como el matrimonio es reconocido como un sacramento por la Iglesia? ¿Por qué tiene una dignidad tan especial que el mismo Jesús quiso que fuera un sacramento?

Para entender esto, primero hay que entender mejor lo que son los sacramentos. Muchos recordaremos esa definición que se nos dio en nuestro Catecismo cuando éramos niños: “los sacramentos son signos sensibles instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia para darle gracias a los hombres.” Suele pasar que estas definiciones de diccionario son muy secas y no nos permiten ver todo lo que está detrás. Por ejemplo, definir un atardecer como el “último período de la tarde” no nos transmite la belleza de un sol anaranjado que se esconde tras las montañas, pintando a las nubes de mil tonos distintos, iluminando al mundo con una luz especial y llenando nuestros corazones de paz. Del mismo modo, decir simplemente que los sacramentos son signos no nos permite comprender la hermosa complejidad que yace en esa realidad.

La maravilla de los sacramentos es que son un puente que se extiende sobre el abismo infinito que separa a Dios y a los hombres, y que nos permite experimentar lo divino a través de nuestros cuerpos. Los sacramentos hacen que nosotros, que vivimos en los límites del espacio y del tiempo, seamos partícipes de lo eterno. Como seres humanos, somos cuerpo y alma. A veces se cree que la fe desprecia al cuerpo, y lo mira como algo inferior, incluso como un mal, como un obstáculo para nuestra relación con Dios. Pero Dios sabe que para que Él pueda comunicarse con nosotros, nuestro cuerpo es igual de necesario que nuestra alma. Por ello, en el Bautismo se moja nuestra frente con agua, se nos unge con aceite en la Confirmación y en la Unción de los Enfermos, en el Orden Sacerdotal se llevan a cabo la unción y la imposición de las manos, confesamos con nuestros labios y en voz alta nuestros pecados y se nos dicen las palabras de la absolución, y comemos y bebemos el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía.

El matrimonio es una dinámica de entrega y de acogimiento total y absoluto. Los amantes se dan el uno al otro en todo lo que son, cuerpo y alma. Por el simple hecho de estar bautizados, el matrimonio de los amantes cristianos es un sacramento. Podríamos decir que hay dos líneas que podemos seguir para comprender mejor la sacramentalidad del matrimonio. Juan Pablo II habló extensamente de ellas en su Teología del Cuerpo; y ahora seguiremos el hilo de su pensamiento, aunque de una forma más sencilla, gracias a la claridad de uno de los mayores expertos de este tema, Cristopher West.

En primer lugar, el matrimonio es una imagen de la esencia misma de Dios. Dios, en la Santísima Trinidad, es una comunión de Personas. El Padre, desde toda la eternidad y para toda la eternidad, se entrega por completo al Hijo. El Hijo, que recibe el Don que es el Padre, se entrega a su vez totalmente a Él. El Amor entre ellos es tan profundo, pleno y verdadero, que es una persona eterna también: el Espíritu Santo. De la misma manera, el hombre está llamado a formar una comunión de amor entre personas. La dinámica de don y acogida entre el hombre y la mujer es tan profunda y real que se traduce en un nuevo y único “nosotros”, en esa “sola carne” que forman los esposos. Y así como en Dios el Amor se refleja en su Creación, los esposos se pueden convertir en co-creadores de un nuevo ser: un hijo.

Por otra parte, el matrimonio también es un símbolo del amor entre Cristo y su Esposa, la Iglesia. Al estar bautizados, los cristianos adquieren un compromiso con Cristo para toda la vida, y la unión entre Cristo y los miembros de su Iglesia se ve realizada de una manera más plena en la Eucaristía. De cierto modo, se podría decir que la Comunión es la consumación de matrimonio místico entre Cristo y la Iglesia. La vivencia de los votos matrimoniales durante toda la vida, y de un modo particular en el acto sexual, cuando los esposos se unen con más plenitud en una sola carne, constituyen un signo vivo y eficaz del amor entre Cristo y la Iglesia, y una participación real y profunda en él.

Por eso el matrimonio es un sacramento, y por eso es tan especial y maravilloso. De todos las maneras que Dios tiene para revelar su vida y su amor, es el matrimonio (consumado en el acto sexual) una de las más fundamentales. El matrimonio nos permite una comprensión particular del amor de Cristo. Es, parafraseando a West, una revelación primordial en el mundo de lo creado del misterio eterno de Dios. 

-Santiago Abella.

Repartir las responsabilidades financieras
Normalmente las parejas reparten las labores domésticas de alguna manera, explícita o implícitamente (aunque, por desgracia, no siempre de forma equitativa). De la misma forma que deciden quién se ocupa de hacer la colada, ir de compras y sacar la basura, se puede llegar a un acuerdo sobre quién se ocupa del seguimiento de las inversiones o de revisar las cuentas bancarias, hacer las transferencias, pagar las facturas, etc.


Igual que para las otras obligaciones domésticas, estos roles no tienen por qué ser exclusivos de nadie ni repartidos de una forma concreta. No conviene que sean responsabilidad de uno solo. Aunque uno de los dos sea más “experto” o “experta” en temas financieros, la otra persona debe, como mínimo, estar al corriente de la situación económica y comprender las consecuencias de las decisiones que se toman. Lo importante es acordar, por lo menos a grandes rasgos, cómo se va a manejar el dinero en la nueva vida en común y poner en práctica algún sistema para asegurarse el cumplimiento de tareas importantes, como por ejemplo cerciorarse de que existe suficiente sal
do en las cuentas para atender los recibos domiciliados.

De vez en cuando hay que revisar el reparto de responsabilidades. ¿Funciona el sistema? ¿Alguien se siente abrumado por tener que ocuparse de todo? ¿Alguien siente que no tiene voz suficiente en el manejo de las finanzas? ¿Alguien siente que el otro abusa? Es mejor darse cuenta de posibles discrepancias y remediarlas antes de que se conviertan en conflictos importantes.

Sepan dónde han guardado los documentos importantes
Es muy importante ponerse de acuerdo sobre dónde se van a guardar todos los documentos importantes:

-escrituras y contratos
-pólizas de seguros
-extractos bancarios y de tarjetas de crédito, números de cuentas bancarias, libretas, talonarios, nombres de usuario y claves de la banca online, etc.
-información fiscal, incluyendo copias de las declaraciones de la renta
-folletos informativos y documentación de inversiones
-testamentos

Estos documentos deben estar en un lugar seguro, pero localizables por ambos.
Muchos expertos aconsejan guardar los documentos más importantes en pequeñas cajas fuertes ignífugas para salvaguardarlos en caso de incendio.
Las parejas no casadas deben evaluar la conveniencia de disponer, además, de poderes para actuar uno en nombre del otro en caso de incapacidad temporal.
Reevaluar el presupuesto

Con un poco de suerte, los dos ya tienen experiencia gestionando un presupuesto personal de forma individual. Si no es así, es el momento de empezar.

Recuerden las reglas básicas:
-Siempre, siempre, siempre gastar menos de lo que se ingresa
-Dedicar un esfuerzo extra a rebajar o eliminar deudas, sobre todo las de alto interés que no dan derecho a beneficios fiscales.
-En cuanto estén las deudas bajo control, convertir el ahorro en parte de sus vidas. Destinen siempre un porcentaje de sus ingresos al ahorro-inversión todos los meses:
   -A un fondo de emergencias para cubrir imprevistos
   -A los otros objetivos financieros a corto y largo plazo
   -Recuerden que nunca es pronto para empezar a planificar la jubilación. Sea cual sea su edad, debe figurar entre sus objetivos prioritarios.

Fuente:www.finanzasparatodos.es
El 29 de mayo Alapar México platicó con WebUdlap acerca de la importancia de el matrimonio y la familia, valores al que dedicamos nuestros esfuerzos, pues constituyen parte de nuestro ecosistema humano y personal.
De igual forma, también platicamos del curso de Noviazgos de Alto Riesgo que se realizará el 22 de agosto de este año y de la prevención e identificación de este tipo de noviazgos. 
Conozcan más de nosotros y aquí les dejamos el video de la entrevista en WebUdlap.