Escuchar Es la primera condición para el diálogo. Por experiencia sabemos que nos caen muy bien aquellas personas que saben escuchar. Para comprender al otro es necesario que nos pongamos en su lugar y abandonemos nuestros pensamientos, sólo así lo entenderemos y conoceremos. De lo contrario nos pasa que “entendemos” lo que queremos entender.

Repetir Una buena forma de asegurarnos que hemos comprendido es repetir lo que nos ha dicho el otro, con nuestras propias palabras, pidiendo que nos confirme si hemos entendido bien. Esto le muestra al otro que nos interesa. En cambio ridiculizar lo que el otro dice siempre hiere en el alma.

Responder En la comunicación debe haber respuesta, puede bastar con un “sí… es cierto… sin duda… de acuerdo…” Esto confirma que el mensaje ha sido recibido. Evitar responder con el silencio o con un “hum… mmm…”.

Adecuar los gestos a la palabra Ser coherentes con lo que decimos. Cuando se dice “te escucho” entonces cerrar el periódico o apagar el televisor. Cuando ella se va a demorar en arreglarse no decir “ya estoy casi lista…” sino decirlo cuanto antes y con sencillez.

Valentía En la relación hay muchos sentimientos en juego, esto le da una gran riqueza pero también lo vuelve frágil y está expuesto a crisis. Es importante ser valientes para descubrir el origen de las tensiones, abrir el corazón y examinar el problema. No ganamos nada dejándolo ahí pues con el tiempo crece, se generan mayores resentimientos y por último uno culpará al otro por no haberse dado cuenta a tiempo.

Espíritu positivo Para corregir detalles del otro debemos hacer las observaciones oportunas de la forma más positiva posible, de modo que sea aceptable y no un reproche amargo. Es decir en lugar de lanzarle en la cara lo equivocado que está, decirle en buen plan y con cariño cuán importante es para uno y lo positivo que sacarían si pudieran corregir ese detalle.
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Una de las principales razones puede ser la concepción del matrimonio y del amor que tiene una persona cuando se casa. Está claro que si uno va al matrimonio pensando que si funciona bien y si no también (se divorcia y se vuelve a casar por civil), pues ese matrimonio va directo al fracaso.

El Amor es un sustantivo y por tanto refleja estatismo, amar es un verbo y refleja por tanto acción. Parece un juego de palabras pero no lo es.Nos comenta también que el amor es estático, no se mueve, no avanza, no crece, no se recupera... SI NO SE AMA.

El amor necesita la acción de amar. Por eso, justifican que el amor igual que viene se va y es cierto, el amor para permanecer necesita del verbo amar.¿Cual es la solución cuando ya no hay amor? Amar, amar más. Hay un conocido proverbio que dice: Hay que sembrar amor, donde no hay amor, para cosechar amor. En la medida en la que ames más habrá más amor. Quizás sea esta una de las claves de la diferencia entre el enamoramiento y el amor. El enamoramiento viene y va, el amor se quiere, se busca, se defiende, se trabaja.

Que cuesta porque ya no sientes lo mismo? Pues claro que cuesta.Pero todo lo que cuesta vale. Además, que significa eso de “sentir”? Definitivamente la solidez de un matrimonio no se puede sustentar en que “hoy siento que te amo”, “hoy no siento nada por ti”. No podemos dejarle todo el trabajo al corazón, hay que aprender a sentir también con la cabeza, con la inteligencia, con la lógica, la cual nos hará pensar en que muchas veces tenemos que hacer cosas que no “tenemos ganas” porque hay que hacerlas, porque es lo que se debe hacer en ese momento.


¿Has pensado alguna vez que ya no hay amor en tu relación? ¿Que se ha ido?. Ama y verás como vuelve, dale vueltas a esta idea y verás como las cosas se pueden ver de otra manera . Hay aspectos de la vida que de tan naturales no se les presta demasiada atención. Pareciera que su desarrollo y crecimiento fuera automático. Así pasa con demasiada frecuencia con el amor matrimonial ¿No es lo más natural que los esposos se amen? ¿Porqué se iban a casar si no fuera así?.Sin embargo el mayor peligro de lo natural es precisamente ese, al ser considerado natural se entiende que no hace falta preocuparse de ello, está ahí. Precisamente por esa razón pienso que hay que dedicar tiempo al amor entre los esposos. Nunca, ni en los mejores días hay que dar nada por supuesto. Desde el primer momento hay que cuidar ese amor para que crezca y se haga cada vez más fuerte.

Muchas personas piensan que el amor fuerte es el que despierta pasiones y sentimientos volcánicos y ello encierra un gran peligro para el amor verdadero. El amor más fuerte es el que supone querer al otro cada día, no haciéndolo depender de emociones fuertes.

Hace falta aprender a amar y …. amar precisamente cuando el amor no parece fuerte ...
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Cuando reñimos con nuestra pareja y no sabemos cómo expresar nuestro arrepentimiento de una forma clara y sincera, un fuerte abrazo es una de las mejores opciones para hacerlo…

En la relación de pareja el arte del abrazo es algo que siempre debe estar presente.

El calor del físico y emocional que proporciona el abrazo de la persona que amamos es el reconstituyente ideal luego de un cansado y largo día, luego de una discusión y también para demostrar espontáneamente nuestro amor, deseo o afecto, y por qué no, también es la forma perfecta de terminar el día antes de ir a dormir!

No olvides que un abrazo puede decir mejor lo que tu boca no expresa con claridad.

El contacto físico del abrazo es la vitamina diaria que toda pareja debe tomar para iniciar un buen día!

Hazle sentir a tu pareja, todo tu apoyo, comprensión, admiración, ternura y amor con el amarre de tus brazos y dale así todos los beneficios que el abrazo puede aportar a su vida.


El abrazo es el mejor antidepresivo que existe, tiene la capacidad de sanar cualquier herida, la fuerza para llenar cualquier vacío y la armonía ideal para despertar al amor!
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Uno de los errores más extendidos acerca del matrimonio es casarse para ser feliz. Y es que la felicidad no se consigue empeñándose en ser feliz, sino procurando que lo sean los demás. Ya lo decía Kierkegaard: “Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro, quien se empeña en empujar en ese sentido sólo consigue cerrarla con más fuerza. Se abre hacia fuera, hacia los otros”.

La experiencia enseña con creces que cuando uno se siente triste, es cuando más necesita pensar en los demás, ya que muchas de las causas de la tristeza están relaciona

das a enfocarse en uno mismo y ver su propia realidad sin tener en cuenta la de las demás. Muchos problemas de “crisis” en el matrimonio sólo existen en la cabeza de quien los piensa que al no tener un dominio de su imaginación, provoca que realmente contaminen el matrimonio.

Uno de los mejores escritores actuales sobre estos temas, Javier Vidal Quadras, nos dice en su libro, Después de amar te amaré, que empeñarse en la propia felicidad es billete seguro a la frustración, a la depresión. La felicidad, es como el sueño en una noche de insomnio: cuanto más se concentra uno en conseguirlo, más esquivo se hace. Sin embargo, si, como dicen los especialistas en sueño, uno se olvida, se levanta, lee…entonces es más probable que el sueño acuda. Amar a los demás requiere esfuerzo. Pero es un esfuerzo muy bien remunerado: olvidarnos de nuestra felicidad tiene como recompensa esa misma felicidad: ¿Una extravagancia de la naturaleza humana? Por el momento, un dato de la experiencia.

Las personas más felices son las que pueden controlarse a sí mismas, que están preparadas para afrontar los problemas de la vida y sacar provecho de ellos. Lo confirman diversos estudios, hace poco leí uno en que indicaban que ante una crisis matrimonial, quienes deciden luchar y seguir adelante son mucho más felices que quienes decidieron divorciarse.

La felicidad que proporciona el saberse querido, la realización de una buena obra o el éxito de una actividad que costó mucho esfuerzo superan con creces la felicidad “material” del tener, y además se alarga en el tiempo.


La conclusión final es que uno no va al matrimonio para ser feliz, sino para hacer feliz al otro. Se trata de esforzarse cada día. Quien renuncie al esfuerzo ha firmado la sentencia de muerte de su matrimonio. Con la conciencia tranquila de saber que estamos dando todo lo que esté a nuestro alcance y lo que no para mejorar en nuestra familia y en nuestro trabajo, la alegría está asegurada, pase lo que pase. Se trata de luchar, no de vencer siempre. Sólo pierde el que no da todo lo que lleva dentro.

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Existe una fórmula para conservar el amor a través de los años? Aquellas parejas que -casadas o no- logran envejecer juntas coinciden en una cosa: mantener una unión firme es mérito de dos.

Una persona enamorada no es alguien que tiene un sentimiento fuerte por otra, sino alguien que no concibe su vida sin su pareja. Es algo mucho más poderoso que un sentir, es un modo completo de estar y engloba todos los otros sentimientos. Se trata de una dimensión desde donde se vive todo el resto de la vida, incluida la relación amorosa.

Pero una idea básica que rescatan quienes están en pareja desde hace décadas es que el amor no
es algo natural, entendiendo por natural aquello que no depende de nuestra acción.

El amor sólo vive en la medida que los enamorados se encargan de alimentarlo cada día.

El hecho de creer que una relación se da naturalmente porque "están hechos el uno para el otro", es una de las formas más frecuentes de poner la relación en peligro, porque si es natural, entonces nada hay que hacer.

Una relación partió del cortejo y prosperó en un enamoramiento, pero sólo vivirá muchos años si la pareja se encarga de nutrir día a día esa vibración, Busca maneras de revivir aquellas cosquillas que dieron el puntapié inicial.


No olvidemos mantener el amor, cultivarlo siempre, conquistarse mutuamente -cada día- con pequeños detalles.

Es importante y necesario también, compartir, dedicar tiempo a estar juntos, hablar sobre los problemas y alegrías. Pero sobre todas las cosas: comunicarse.

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Usted ha gastado demasiado otra vez, y ahora está discutiendo con su cónyuge acerca de cómo pagar las cuentas. Pues, usted está dentro de lo típico: más peleas giran en torno al dinero . El dinero es una fuente de fricción, pero no tiene que ser así.


1. No permitan que el dinero los divida. Aunque estén enfrentando una situación económica difícil. No haga ataques personales a su cónyuge. En lugar de ello, busquen juntos la manera de resolver el problema.

2. Tenga una “cita financiera” cada semana. Eviten hablar de problemas de dinero antes de irse a la cama o antes de salir a trabajar. Escojan el momento en que no estén cansados, con hambre o de mal humor.

3. Hagan un plan de gastos sencillo. Así que, en vez de preguntarse después en qué se les fue el dinero, planifiquen de antemano cómo va a manejarlo. Hay una serie de presupuestos a la mano, desde la técnica de poner efectivo en sobres, hasta herramientas en línea y software.

4. Permítanse cierta libertad en el presupuesto. Pónganse de acuerdo en una cantidad máxima que puedan gastar sin que antes tengan que consultarse mutuamente. El monto destinado para esto dependerá de una serie de factores: El monto que tienen que pagar por la vivienda y por las deudas. Al pagar lo que deben y aumentar su ahorro, la cantidad de lo que puedan gastar libremente será mayor.

5. Ahorren para las emergencias. Cuando el refrigerador ya no dé más, o explote el radiador del automóvil, se les arruinará el presupuesto a menos que tengan ahorros.

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* Esperar a que mi pareja adivine lo que quiero y necesito, a que se adelante a mis deseos antes de formulárselos, a que renuncie a su vida personal y me coloque en el centro de su existencia, a que sea la procuradora de mi felicidad.

* Responsabilizarle de mis frustraciones, de que lo que obtengo de mi vida de pareja no se corresponde con mis expectativas, de los cambios que he tenido que introducir en mi vida.

* Competir por quién es más o menos, mejor o peor, quién le debe más o menos al otro, quién es esto, aquello o lo otro, quién es el que más pone para mantener viva la pareja.

* Ser infiel al proyecto en común, pero no entendido exclusivamente como las relaciones sentimentales y/o sexuales con otra persona sino en su totalidad. Para no perjudicar a nuestra vida en pareja hemos de mantenernos leales al compromiso adquirido, trabajar día a día para reavivar ese proyecto común, intentar que esa ilusión inicial, ese amor, crezca; o, al menos, se mantenga y la vida resulte gratificante para ambos.

* Acumular, sin sacarlos a la luz y sin comentarlos de forma relajada, desaires, desacuerdos, enfados, reproches, faltas de respeto y desilusiones,.

* Dudar de la otra persona. Las fisuras por falta de confianza suponen el inicio del resquebrajamiento de la pareja. Es difícil, y muy duro, amar a alguien de quien se duda.

* Permitir o propiciar los silencios ante situaciones que pueden provocar un desencuentro o bronca. Positivicemos: una circunstancia crítica puede ayudar a aclararnos, a adoptar compromisos y acuerdos. El silencio es el vacío y en éste (aunque en principio pueda resultar apacible y llevadero) no hay nada.

* Renunciar a formular nuestras quejas, necesidades y querencias de una forma clara, concisa y directa. Hemos de mostrar una clara intención de negociar cambios concretos y de acordar en firme con plazos determinados, todas las cosas que planteamos.

* La ironía, el sarcasmo, la crítica destructiva, el grito, el insulto, la ridiculización, la descalificación o el desdén al dirigirnos a la otra persona. Las formas cuentan, y mucho. La familiaridad no debe convertirse en ordinariez, falta de respeto o grosería. Hemos de procurar que las discusiones tengan un cierto protocolo, unos límites que no conviene sobrepasar. Todo puede decirse con un mínimo de corrección y respeto al otro. Lo cortés no quita lo valiente. -Culpabilizar al otro de todo cuanto no ha salido como esperábamos.



* Gestionar mal las cosas prácticas. Una vida en común tiene muchos aspectos tangibles,
prácticos y cotidianos sobre los que hay que llegar a acuerdos. Hemos de hacer frente a tareas domésticas, gastos y otros cometidos familiares. Habrá que hablarlo y ver cómo vamos a organizar los gastos, la distribución de las tareas domésticas, la crianza de los hijos o, incluso, las vacaciones. Lo mejor es una negociación continua que se adapta a cada etapa de la relación.

* Creer que sólo existo en cuanto que miembro de la pareja. La relación es cosa de dos, pero de dos que suman. Por tanto, empieza por uno mismo y es por ello que me cuido física y anímicamente, me mimo y hago de mi vida una vida rica en situaciones, experiencias nuevas y sensaciones; en esa medida, aporto riqueza a esa relación. Cada uno tiene su propia vida y la pareja es la expresión de dos vidas que se unen para sumar, para aportar la una a la otra.
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Casi siempre compartir todo en la pareja, es muy normal, pero nos preguntamos si decir absolutamente todo esta bien. Por lo general en el 99% de los casos sí.
Contarse las cosas, como nos sentimos, que situaciones nos agradan tanto para ella como para él suele ser beneficiosos y fructífero en la relación, ya que forma parte de la buena comunicación entre dos personas, y nos permite ser directos y sutiles con nuestro compañero.

Si ambos se cuentan las cosas buenas y malas, y se dicen todo, es fácil sostener un vínculo donde la confianza es fundamental, y de esta manera saber lo que el otro esta pensando o como va a actuar es mas predecible.

Si se tienen dudas, sobre la pareja, lo mejor es preguntarse, y de esta manera saber, y si desde un principio de común acuerdo hay temas de los que se decide no hablar, se puede mantener la confianza sin miedo a encontrarse con situaciones poco agradables que de entrada deben estar claras.


Si nos sentimos seguros de nosotros mismos y nuestro compañero, las relaciones de pareja fluyen sin inconvenientes, y estudios realizados de consulta sobre personas que llevaban más de 30 años juntos, concluyeron, que el ser honestos entre ambos, ha sido uno de los condimentos fundamentales, para poder sobrellevar tantos años de pareja, y es esto lo que hace que la comunicación sea el medio de confianza que los invita a seguir eligiéndose unos con otros.

A tenerlo en cuenta, comunicarse, sentirse seguro y sentir confianza, parecen ser los pilares fundamentales en una buena relación.
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Lo que es un problema para ti puede no serlo para el otro. ¿Alguna vez lo habías pensado?
Hay tantas maneras de sentir, pensar y actuar como personas hay en el mundo. En este sentido, lo que tú evalúas como importante y que no puede faltar en la pareja o aquello que te es indiferente pues no le hace a la cosa puede ser vivido por la otra parte de manera antagónica.

A su vez, aunque muchas veces las partes visualicen que no están pudiéndose entender en algún aspecto, posiblemente no llegan a comprender del todo cómo es que el otro se posiciona e interpreta el asunto. A modo de ejemplo, citemos el caso de un hombre que se sentía totalmente infeliz porque su mujer tenía un grupo de amigas con las cuales compartía las tardes de domingo.

Ella le propuso no verlas todos los domingos, interpretando que el malestar de su pareja se debía a que él podía tener planes para algún domingo o simplemente quería compartir esa tarde de la semana con ella. El le respondió que ese no era el problema. Para este hombre el motivo de tanta infelicidad pasaba por la manera en cómo podía habitar una relación de pareja, concibiéndola como un vínculo en que todo se comparte.

En este sentido, no le molestaba que ella tuviera amigas y que quisiera verlas; el problema que el hombre veía en este acto que se repetía domingo a domingo era que ella no terminaba de entregarse a la relación ya que no eran 100% confidentes y compinches porque ella lo dejaba afuera de esa actividad.

Por esto, cada vez que se termina un conflicto dándole la razón al otro sin comprenderlo se está sembrando el terreno para que nuevas discusiones en torno a lo mismo se repitan una y otra vez. Los expertos recomiendan aprender a hacer lecturas de la situación saliéndose del punto de vista propio y considerando el del otro…todo un desafío pero aseguran que las reacciones van a ser muy distintas si lo consigues.

Fuente: psicologia-online.com
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Se podría definir la infidelidad como un acto de transgresión a un compromiso o garantía que alguien ofreció sin presiones a otro. Pero, la monogamia en realidad no significa no desear a más nadie, sino serle fiel al estándar de fidelidad que se ha pactado con la pareja. El problema sobreviene, claro, cuando lo que es fidelidad para uno, no lo es para el otro: para algunos bailar o mirar a otra persona es signo de traición. Para otros sólo cuentan las relaciones sexuales.

¿La biología manda?

Los antropólogos llegaron a la conclusión que los seres humanos no somos privativamente monógamos y la naturaleza parece que justifica la infidelidad: en apariencia, la cuestión estaría dada por la gran dependencia del cachorro humano, que necesita de ambos progenitores los primeros 3 años de vida. Esto explica porqué la mayoría de los divorcios sobrevienen luego de los 4 años de casados, cuando los niños han alcanzado la independencia y la pasión ha declinado indefectiblemente entre los padres. A partir de allí estaríamos en condiciones que otra persona nos atraiga, según los mandatos biológico-reproductivos.

De hecho el matrimonio y la monogamia fiel son construcciones sociales y
culturales, estudiadas antropológicamente, que nacieron a la luz de asegurarse herederos de la misma sangre y no arriesgarse a dejar el patrimonio a hijos ajenos, como hubiera sucedido si el humano seguía viviendo en clanes comunitarios. Digamos, una cuestión de mera conveniencia económica.

A partir de aquí, vemos que los hechos hablan de una tendencia humana a ser infieles y cambiar de pareja. Es claro que el hecho de amar y de compartir todo sólo con una persona es una
elección cultural que necesita mantenerse con esfuerzo.
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La vida familiar así como la dinámica en la vida de las parejas y los matrimonios cuando son varios los años y profundo el conocimiento recíproco que se tiene del otro pues se conocen tanto las fortalezas como las debilidades de nuestra pareja o seres queridos.

Es así que cuando tenemos o pasamos por situaciones conflictivas y las cosas suben de tono y “se van de las manos” pues es posible que utilicemos ese conocimiento del otro para golpear donde más le duele o podamos herirlo. Esto muchas veces los hacemos inconcientemente y sin mala intención pero resulta en una desagradable situación con una profunda herida a quien amamos.

Cuando suceden estas cosas o sucesos negativos para la relación de la pareja o el matrimonio pues se suele pensar acerca de si realmente el otro nos aprecia mediante esta expresión tan malvada de desprecio. Lo mejor en estos casos es mantener la calma en primer lugar y pensar que en realidad esta otra persona no quiso hacernos daño por más que lo logró.

Es decir, si bien su actitud desembocó en un daño narcicista hacia nosotros pues hay que tomarlo en el contexto de una situación de conflicto. Esto no quiere decir que las cosas queden así nomás sino que se debería tomar estos momentos desagradables como una instancia de aprendizaje para la pareja.

Son cuestiones que no pueden repetirse muchas veces sino que se debe conversar tras lo sucedido y aclarar que esas palabras o actitudes causaron una fuerte herida en el otro y que si existe el amor en esa pareja pues no debería volver a suceder. De volver a repetirse hechos similares pues se tendría que pensar en la búsqueda de ayuda si es que existe la voluntad de solucionar un vínculo que no está siendo del todo sano o saludable.

Fuente:mujerhoy.com
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Si has tenido una ruptura, existen dos situaciones en las que probablemente te encuentras:

1. Estás buscando la manera de superar a esa persona

2. Te preguntas como recuperar el amor perdido

Ninguna es fácil, pero casi todas las personas se deciden por una de esas opciones. Realmente son muy pocas las personas que logran seguir adelante de manera sencilla sin desear que las cosas fueran diferentes o preguntarse qué pasaría… Piensa en cómo eran las cosas y cómo lo serán ahora. Trata de ser los más objetivo posible. Incluso puedes concluir que la ruptura no fue una mala idea.

Si decides aprender como recuperar el amor perdido, el primer paso es pedir disculpas. Puedes pensar que ya has hecho esto. Seguramente dijiste “lo siento” muchas veces, pero si tu ex pensó que te disculpabas solo para que no terminara, es posible que no haya pensado que era una disculpa legítima.

Si eres culpable de algo que haya sucedido y consideras que es necesario pedir perdón, hazlo de nuevo. Ahora es muy posible que tu disculpa se considere sincera porque no hay nada que depende de eso. Si la relación ha terminado, no lo dirás solamente para tratar de anular tu ruptura, si no que pensará que es genuina.

Si logras encontrar como recuperar el amor perdido, enséñale a tu pareja la persona de la cual se enamoró, no a aquella que abandonó alguna vez. Tu complemento te buscará a ti porque tienes ciertas cualidades y características, no porque tienes enojo, celos o dolor. Aunque no puedas esconder tu sufrimiento, trata de concentrarte en ser lo mejor que puedas y así le recordarás de quién se enamoró en un principio.

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Algunas ideas para poner en práctica y mejorar tu relación.
Todos los matrimonios tienen baches, y éstos pueden surgir en cualquier momento. Lo fundamental es aprender a pasarlos de forma que no amenacen su relación.

Sin importar cuánto tiempo lleve de casado, existen reglas sencillas y básicas para recorrer el camino. Ponerlas en práctica no siempre resulta fácil, pero es vital. Si las sigue, fortalecerá su vínculo... y verá que las cosas buenas —diversión, confianza, afecto— se darán mejor que nunca.

1 Busque un equilibrio

El aburrimiento, la frustración y las fricciones diarias pueden extinguir la llama del amor. Para alimentarla, céntrese en las cosas buenas. He aquí cómo lograrlo:

Primero, tenga en cuenta que necesita hasta 20 comentarios positivos para contrarrestar el daño hecho por uno negativo (o por una mirada fría o un gesto de impaciencia). Así que use más los primeros y menos los segundos. Halague la camisa nueva de su esposo, los zapatos nuevos de su esposa. Agradézcale su ayuda en la casa. Llámela a la oficina para decirle que
piensa en ella (pero no hable sobre tareas del hogar o los hijos).

Asegúrese de que estos halagos y agradecimientos sean sinceros y específicos: “Gracias por encargarte de llevar el auto al mecánico” o “Qué lindo mantel. Siempre estás en los detalles”. Haga contacto visual cuando sonría o le diga algo agradable, y trate de acompañarlo con un sonido de alegría (por ejemplo, un suspiro de satisfacción). Una vez que logre este acercamiento se dará cuenta de que, además de conocer las cosas que molestan a su cónyuge, sabrá lo que lo hace feliz. Después de todo, así fue cómo empezó su relación. Se dará cuenta de que siempre es buen momento para una pequeña muestra de amor. Dele a su pareja un abrazo que diga: “Me alegra verte”, y un beso cuando llegue a casa. Sorpréndala con una taza de café en la cama un domingo lluvioso (y quédese a charlar). Disfrute de sus cualidades positivas y deje los defectos de lado.

2 Mantenga la cercanía

El tacto humano libera endorfinas, que hacen sentir bien a quien da y a quien recibe. Así que tómense de las manos con mayor frecuencia. Acaricie su mejilla cuando le dé los buenos días. Reviva la forma en que se tocaban al inicio de la relación: dele un beso detrás de la oreja, pásele la mano por el cabello.

Usar más este tipo de contacto le ayudará a fortalecer su relación. Esto es importante, pues una unión sólida puede enfrentar cualquier tormenta (y estar mejor preparada para evitar una infidelidad). ¿Cómo crear este lazo? Primero, apoye a su alma gemela.
Póngase de su lado cada vez que pueda, cuando surjan problemas en el “mundo exterior”.

Guarde sus secretos, aunque en la oficina todos cuenten los de sus parejas. A menos que se trate de una emergencia, no permita que nada interrumpa el tiempo que tienen destinado a ustedes.

Hablando de tiempo para los dos, hagan el compromiso de conversar 30 minutos por día sobre sus planes diarios, metas y sueños. No vale hablar de cosas de la casa ni de su relación. Se trata de construir una amistad. Los estudios muestran que ser amigos tiene recompensas, pues asegura una unión más cariñosa y sensual. Y no se olvide de encontrar tiempo para la intimidad, aunque ten-ga que anotarlo en su agenda. ¿Programar el sexo? Si es necesario, sí. Ser espontáneos es fabuloso, pero no siempre es posible.

Otra cosa que no deben esperar son las ocasiones para celebrar el éxito. Incluso las pequeñas victorias merecen reconocimiento. Si su matrimonio anda sobre ruedas, vale la pena celebrarlo. Vayan a cenar a donde le propuso matrimonio, o hagan un viaje. Se lo han ganado.

3. Conserve la chispa de su relación

El consejo que dan los expertos a los solteros que buscan a la pareja perfecta es: “Sea usted como quiere que sea su pareja”. Lo mismo se aplica en el matrimonio; mientras más feliz sea, más feliz será su unión, y más sencillo será resolver los conflictos. Si 15 minutos de yoga por la mañana, cambiar a café descafeinado o probar un nuevo pasatiempo lo hace sentir relajado, esos sentimientos positivos harán que tengan momentos más felices juntos.

Mientras tanto, admítalo: solía preo-cuparse mucho por su cabello y por buscar la prenda más sensual para llamar la atención de su pareja, y ahora se conforma con pantalones viejos y una camiseta descolorida para dormir. Es hora de mejorar su apariencia. Peine esa melena, lávese los dientes y cómprese una bata nueva. Sentirse cómodo con su apariencia se notará en su mirada. Es más factible que haga contacto visual, y eso encenderá la chispa en su cónyuge. ¡Y ya saben qué hacer después!

Fuente: Selecciones.com
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¿Una pelea por algo pequeño se convierte en una bola de nieve gigante?

Hay muchas personas que al escuchar los reproches de su pareja adoptan una actitud defensiva porque se sienten atacadas; contestan a las críticas con sus propios reproches.

La terapeuta de parejas Ellen Wachtel, profesora de la Universidad de Nueva York y del Instituto Ackerman de Terapia Familiar, brinda algunas claves para frenar las discusiones:

• Estar atentos a las cosas en las que sí se comunican y no a las que provocan desacuerdos.

La mayoría de las personas, mientras escuchan las quejas de su pareja, piensa en refutarlas y demostrar que el otro se equivoca. Es preciso centrarse en comprender el argumento general, aunque los elementos específicos no sean los correctos.

• No se centre en detalles irrelevantes.

• No juegue al psicólogo con su pareja.

• Aunque no llegue a un acuerdo, no siga dando vueltas en una discusión que no llegará a nada, es mejor comprometerse a pensar con sinceridad en el punto de vista del otro y retomar el tema después de reflexionar algún tiempo.
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Un silencio vale más que mil palabras. Cuando miras a los ojos de la que crees que es tu pareja, y baja la mirada sin expresar palabra alguna. Cuando los silencios son preludios de aburridos minutos, y no sabes qué hacer ni que decir. Cuando los pensamientos inundan tu mente y tú en cambio no puedes expresarlo, porque conlleva decir una mentira tras otra, y callas. Esos silencios pueden más que mil palabras.

Cuando una excusa sirve para marcharse de casa, sin apenas despedirse y al volver ninguna sonrisa acompaña y el silencio se vuelve ambiguo y te embarga. Ese silencio vale más que mil palabras.

Cuando ocupas tu tiempo en quehaceres rutinarios, y los minutos u horas no los utilizas en decir nada. Ese silencio vale más que mil palabras.
Cuando al oír en tus oídos el te quiero de la persona amada, y tu contestas en silencio. Ese silencio vale más que mil palabras.

Los silencios nos son palabras son hechos que nos embargan en las actuaciones diarias.
Pero cuando se instauran en nuestra vida y en nuestra relación, es que algo pasa.
Rutina, engaño, Inmadurez, autoengaño. Son sinónimos de que una relación está en fase de poder experimentar el final.

El silencio puede decir mucho o no puede decir nada, pero al final decide lo que nosotros entendemos con esas pausas de silencio en nuestras vidas diarias.
Y cuando no hay nada más que decir, cuando no hay proyectos en común, ni una sonrisa que compartir y sobre todo las palabras son vacías y huecas. Vale más decir un hasta luego y empezar de nuevo.

Y aunque el empezar signifique empezar desde cero, tengamos en cuenta los silencios. Porque aunque muchas veces los silencios son necesarios, en una pareja son enemigos de la rutina y la falta de comunicación.

No hagamos de nuestra vida un silencio perpetuo, y compartamos nuestras experiencias con los que amamos. Nos enriquecerán y nos harán sentir mucho más unidos a nuestra pareja.

Fuente: publi-articulos.com
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Atracción física.


Cuando iniciamos una relación, generalmente el primer elemento que nos atrae hacia la otra persona es su aspecto exterior. Curiosamente esta entre las cosas que ms tienden a descuidarse una vez que se establece la pareja. No es raro ver que "una vez atrapada la presa" dejamos de cuidarnos físicamente, engordamos, dejamos de rasurarnos o peinarnos, descuidamos nuestro vestido y apariencia, aparecen los tubos en el pelo o por la noche las cremas en la cara... Dejamos de tener el esmero que mostrábamos durante la fase del cortejo o del noviazgo. No importa cuanto tiempo tenga la pareja de establecida: es importante tratar de seguir siendo atractivos físicamente para la o el compañero.



Atracción intelectual.

Este punto se refiere a la necesidad, muchas veces olvidada, de que a lo largo del tiempo se busque seguir teniendo intereses comunes. Muchas veces la casa, los hijos o la familia se convierten en lo único de lo que pueden hablar; se pierde todo aquello que durante la fase del noviazgo era pertinente solo a los dos y consecuentemente ello lleva al tedio y a la falta de interés. Es necesario seguir compartiendo cosas exclusivas de los dos. Cuando novios era muy importante "poder estar solos", pasear tomados de la mano por un parque o sentarse en una banca o en un café por horas y horas hablando de los dos y de "esas cosas" exclusivamente nuestras.

Atracción afectiva.

Para que una pareja subsista armoniosamente se requiere que exista un sentimiento hacia el otro. Puede dársele el nombre que se quiera, pero lo más común es hablar de amor. Es cierto que los filósofos y los escritores discuten mucho sobre el significado verdadero de este término tan utilizado por tantos y pocas veces concretado en cuanto a lo que quiere decir. Sin embargo, tratando de hacer las cosas sencillas podemos decir que en el seno de una pareja debe existir un sentimiento hacia el otro que se concrete en la frase: "te amo, me importas". Ello implica que si me importas deseo tu bienestar, tu crecimiento, tu desarrollo, tu independencia y tu felicidad. Este es el verdadero amor en el seno de la pareja, y no el sentimiento posesivo y controlador que suele ser la regla.
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Algunos indicadores importantes son los reclamos que surgen de ambas o una de las partes: ¡Ya no nos entendemos!, Parece que vivimos en mundos diferentes!, Al menor roce, explotamos!!!, Creo que tiene otra!!!

Es importante asumir que al formar pareja, literalmente, dos mundos se encuentran y a veces chocan estrepitosamente, si se piensa que cada uno proviene de diferentes familias e historias familiares, y que esto de por sí crea grandes diferencias en la forma de encarar la vida: toda
una “filosofía familiar” en el tema de los valores, educación. Tampoco hay que olvidar las singularidades en personalidad o temperamento, características físicas, inteligencia, hábitos, costumbres y las oportunidades de desarrollo
personal de cada uno.


Para llevar adelante la relación de pareja se vuelve urgente aprender a ser buenos administradores de cuestiones prácticas y bien concretas. O sea, aprender EL ARTE DE COMUNICARSE EFICAZMENTE Y NEGOCIAR

Por ejemplo negociar qué harán juntos y qué harán por separado. Se trata de una simple definición de espacios personales y de espacioscompartidos en donde quedará más claro cuanto dependerán mutuamente y cuan independientes serán el uno del otro.


por ejemplo:

Qué espera cada uno del otro
Qué hace mejor cada uno
Qué piensa cada quien
Cómo serán asumidas las responsabilidades propias
Cómo administrarán la relación con los suegros, con las amistades etc.
Cómo serán los criterios educativos para con los hijos
Cómo administrarán los gastos, las diversiones etc

Este aprendizaje de la vida en común les orientará a preservar la propia individualidad sin invadir, ni obstruir y menos aún, destruir al otro.

Aprender a crecer juntos es un desafío interesante. Ser “uno mismo” pero a la vez respetar la individualidad de la pareja.

La vida en pareja también es una empresa en la que existen tres elementos:
TU, YO, NOSOTROS. Dos personas, tres elementos, cada uno significativo,
cada uno haciendo posible al otro. YO te hago posible a , Tu me haces
posible a mí. TU y YO hacemos posible al NOSOTROS.

Lo que en Terapia de Parejas se trabaja es el vínculo, Cada uno es responsable del 50% de la Empresa matrimonial, y ninguno es “malo”, pero pueden tener puntos de vista opuestos, lo que crea conflicto. Así, encaramos la tarea de tal forma que esas diferencias, en lugar de llevar a pique a la relación, la enriquezcan.

La realización plena del amor inicial de la pareja, dependerá de cómo los dos hagan funcionar el TU-YO- NOSOTROS. Este es un proceso, es el CÓMO de la relación. Este proceso se va formando con las decisiones que ambos toman y la forma de actuar al respecto. Son las cosas que antes hacían solos y que ahora tienen que hacer en común. Cuando las parejas comprenden sus propios procesos, sienten un gran alivio ya que se liberan de una situación confusa y tienen muchas ganas de “volver a empezar” y hacer las cosas bien, conscientemente. Se puede decir que el amor vuelve a florecer

¿Qué beneficios trae para la pareja, el entorno familiar y la misma estabilidad de la pareja?

En esta época de tanto “stress”, confusión e incertidumbre que estamos viviendo,más que nunca se hace importante recuperar el valor de la familia y de la vida en pareja estable, haciendo del hogar un sitio de paz y bienestar. Esto es posible aprendiendo a conocerse mejor, a comunicarse eficazmente y ejercitarse en tolerar y respetar las diferencias.
Bien vale la pena el desafío, pues de mejorar la calidad de vida se trata y un buen clima en el hogar beneficia tanto a la pareja como a los hijos.

Se recomienda no esperar tanto tiempo para iniciar una terapia de pareja debido a que, se corre el peligro de que se acumulen frustraciones y resentimientos inútiles y es mejor cambiar lo antes posible los patrones disfuncionales.
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Es muy fácil confundirse. Lo que entendemos por amor con frecuencia tiene más elementos de no-amor que de lo que compone el amor verdadero. Es sorprendente la paradoja: películas, canciones, prensa del corazón y nuestro mismo entorno utilizan hasta el desgaste la palabra amor para denominar todo aquello que es incompatible con el amor.


El apego es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o a una persona determinada y está originado por la creencia de que sin eso no se puede ser feliz. Se compone de dos elementos, uno positivo y otro negativo, el elemento positivo es el fogonazo del placer y de la emoción, el estremecimiento que se experimenta cuando se consigue el objeto del deseo. El negativo es la sensación de amenaza y de tensión que lo acompaña. Por su propia naturaleza el apego hace vulnerables a las personas al desorden emocional y desintegra la paz. La semilla del apego sólo puede germinar en la oscuridad de la ignorancia, del engaño y de la ilusión.

El apego es una falsa apariencia del amor y la gran responsable del fin de muchas historias románticas.

En el ámbito de la pareja, el apego es muy dañino porque el mismo ímpetu que aglutina es el responsable de provocar el mayor sufrimiento y el final de la relación. Es fácil dejarse engañar por el apego porque en muchos aspectos superficiales se asemeja al amor de verdad. El sentirse apegado a las personas, objetos o situaciones es parte del condicionamiento de todo ser humano hasta que este empieza a ser consciente de sus necesidades y temores. En el momento que se da cuenta de que lo que creía amor tenía que ver más con su necesidad es posible que esté preparado para pasar del apego al amor.

Pasar del apego al amor.

Estar completamente libre de apego es prácticamente imposible en una pareja. A lo largo de la vida hemos aprendido a tener miedos y hemos llegado a pensar que algo externo a nosotros nos llegaría a proporcionar una seguridad. Así, todos albergamos necesidades que creemos que el amor nos va a cubrir. Pero es importante saber que no existe ninguna sensación de seguridad perdurable si esta depende de factores externos, ya que nunca podremos controlar los cambios imprevisibles de la realidad.

Amar sin temor es algo que forma parte del crecimiento personal y de la certeza de que ya lo tenemos todo dentro de nosotros. Tenemos lo suficiente para ser felices.

El apego surge cuando nos identificamos con esa persona o situación y llegamos a convencernos de que la necesitamos para ser felices. El ego humano llega a planear cualquier cosa con tal de mantener a su objeto de apego dentro de su esfera de influencia y control. En su forma más leve, el apego se manifiesta como atadura, ya que trae consigo la idea de que el objeto de deseo nos aporta algo que no poseemos: felicidad, seguridad, el sentirse amado, cuidado, importante, validado… La pérdida del objeto produce dolor, rabia o depresión.

La diferencia primordial entre apego y amor es el factor libertad. El amor jamás restringe el libre albedrío del otro. Estar apegado crea la falsa creencia de que el amado refuerza nuestra identidad. Miedo y necesidad son las emociones que subyacen al apego. Miedo a estar en el presente, a enfrentar lo desconocido o a perder el objeto del amor.

¿Mi amor es apego?

Para saber si estamos amando de forma apegada habría que hacerse las siguientes preguntas:

* “¿Existe alguna situación o persona de la cual me siento dependiente o estrechamente ligado?”
* “¿Necesito algo de esa persona o situación?”
* “¿Qué haría o sentiría si esta persona quisiera dejarme o si esta situación particular se terminara?”
* “¿Sería capaz de aceptar dejar ir a esa persona o que la situación finalizara? En el caso de la persona, ¿sería capaz de seguir sintiendo amor por la persona que me ha dejado?”

Transformar el apego en amor.

Observarnos a nosotros mismos para darnos cuenta de las ataduras que nos unen a la pareja. La clave para darnos cuenta de eso es la presencia de dolor. Por ejemplo podemos observar cómo reaccionamos, si tenemos expectativas demasiado altas, si ya no tratamos a nuestra pareja como a un amigo respetado. Podemos percibir nuestras motivaciones para decir lo que decimos y advertir si es el miedo el que nos impulsa.

Responsabilizarnos de nuestras decisiones en lugar de sentirnos víctimas. Sentirnos dueños de nuestra propia felicidad. Sentirnos menos “importantes” al focalizar con humildad en nuestro interior en lugar de hacer al compañero objeto de atención y crítica constantes.

Aprender a amar es transformarse en un ser amoroso que transmite amor. El amor no es un bien escaso cuando se transforma en actitud. Tendríamos que sustituir el sustantivo por el verbo y pensar en el amor como acción. De este modo es imposible sentir soledad, ya que el amor hace posible estar unido íntimamente a todo lo que nos rodea, experimentar la verdadera felicidad, y atraer magnéticamente el amor de otros seres que aman de igual modo.
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Muchas personas han hecho suya una especie de superstición: “si te casas por la Iglesia, te vas a divorciar pronto”. Como si el recibir la bendición de Dios fuera una especie de mal augurio o “salación”. Pero en realidad nos olvidamos que si algo no funciona en el matrimonio es en buena parte porque nunca funcionó en el noviazgo. O bien, no consideramos que lo que hace que una pareja supere las dificultades o “truene”, no depende solamente de si está casado o no por la Iglesia, sino del esfuerzo y amor que pongan en resolver los problemas.

En realidad, es el amor de pareja y la ayuda mutua lo que Dios “bendice y fortalece” en quienes se casan por la Iglesia. Dios colabora con la pareja de esposos en su esfuerzo por crecer en el amor día a día y resolver las dificultades que se vayan presentando. “A Dios rogando y con el mazo dando” dice la sabiduría popular. Y también: “Con Dios, los problemas siempre tienen una mejor solución”.
Casarse por la Iglesia es como comprar un Seguro a tu automóvil. Me explico.
Si mi carro está asegurado, en caso de choque o robo puedo estar tranquilo de que el ajustador me ayudará a arreglar el problema, y que me veré amparado en las responsabilidades civiles, en daños materiales a terceros y en la reparación de mi propio auto. El Seguro no va a conducir por mí, ni va a eximirme de toda la responsabilidad, pero sí será un tremendo apoyo para enfrentar la situación y poder seguir adelante.

Sólo que para que el “seguro” de mi auto me responda, yo tengo que estar al pendiente de cubrir la prima, de estar al pendiente de su vigencia, de conocer los términos, y muchas veces, de pagar el deducible.

Si yo me caso por la Iglesia sé que Dios y su ayuda extraordinaria (Gracia) estarán para mí siempre disponibles. La Luz para encontrar las palabras adecuadas, la Fortaleza para soportar una situación dolorosa, la Paciencia para entender a mi pareja, la Sabiduría para orientar a mis hijos, la Esperanza para mejorar la situación económica, el Valor para perdonar, la Humildad para pedir perdón.

Esa ayuda extraordinaria de Dios es la “cobertura amparada”, y para que ésta tenga vigencia debo “cubrir la prima” de una relación frecuente con Dios, estar al pendiente de su “vigencia” y no dejar siempre para después la oración, ir a misa o recibir los demás sacramentos. Incluso debo pagar el “deducible” de un verdadero proceso de reconciliación, de un diálogo paciente, de un dejarnos ayudar.

Podemos estar seguros de que no habrá “letras pequeñas” que nos traigan sorpresas desagradables. Siempre estará Dios ofreciéndonos más y más. Nunca sustituirá nuestra responsabilidad de “manejar” bien nuestro matrimonio, ni de seguir las reglas de “tránsito” para una vida de pareja, pero estará allí con nosotros siempre, dándonos seguridad y la ayuda necesaria para crecer, madurar y salir triunfantes.

fuente:encuentrodenovioscelaya.org

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Lo primero para tener un matrimonio feliz es intentar definir qué es un matrimonio feliz. Esto es relevante, pues si no tienes claro esto, muy rápido huyes del matrimonio por no cumplir tus expectativas.

Felicidad versus alegría

Muchos se confunden porque creen que ser feliz es lo mismo que estar dichosos y alegres, y hay una diferencia monumental entre estos dos conceptos.

La alegría y la dicha es un estado emocional, usualmente pasajero, que ocurre cuando algo ha llenado de gozo tu corazón, como cuando te regalan algo que has querido hace mucho tiempo, cuando tienes una ganancia monetaria adicional, o cuando pasas un buen tiempo con tu pareja.

La felicidad es una actitud ante la vida. Es un estado mental que te lleva a pensar que la vida tiene siempre un lado positivo, eres capaz de ser optimista, tienes compromiso con tus sueños y vas en dirección de ellos. Además, enfrentas los problemas con actitud positiva.

Como ves, hay diferencia. Algunos creen que es lo mismo. Se casan para ser felices, pero como ven que en el matrimonio no todo es alegría y dicha, cuando estos factores faltan, en vez de trabajar por el matrimonio, salen corriendo.

¿Matrimonio feliz = matrimonio sin problemas?

Esto es otro engaño. ¿Quién dijo que un matrimonio feliz implicaba tener una vida libre de problemas?

Pues no. Los problemas y las circunstancias adversas son parte de la vida. Te acompañarán el resto de tus días. Están allí para hacernos crecer.

El matrimonio está repleto de conflictos, problemas, diferencias y momentos difíciles. Como dije, están allí para hacernos crecer como pareja, no para acabarnos.

Esto también es importante aclararlo, pues cuántas parejas no se separan día a día porque “tienen problemas”. Creen que cuando se casan, ser felices implica no tener problemas. Cuán equivocados están.

Y entonces, ¿qué es un matrimonio feliz?

Ya has visto que un matrimonio feliz no es el que siempre tiene momentos dichosos, ni es un matrimonio libre de conflictos.

Un matrimonio feliz es aquel en el cual ambos miembros crecen en intimidad, con metas y planes juntos, emocionados por sus vidas y por sus proyectos, que saben trabajar en pareja a pesar de las diferencias entre ellos.

Los miembros de un matrimonio feliz tienen actitud positiva ante los problemas de la vida, se apoyan mutuamente en los momentos difíciles, tratan de resolver los conflictos de la manera más madura, teniendo en cuenta el punto de vista del otro.

En un matrimonio feliz reina el diálogo, la comprensión, la compasión, el compromiso y el amor maduro. Siempre viven tranquilos porque tienen un sistema de valores que edifica la relación.

Además, en un matrimonio feliz hay sintonía y conexión entre ambos miembros, hay empatía y transparencia. Ambos crecen uno al lado del otro, compartiendo sueños juntos.

Como puedes ver, el concepto de matrimonio feliz es mucho más de lo que se nos dice habitualmente. Implica mucha madurez y un compromiso sólido con la relación.

Fuente: Guillermo M. matrimonio-feliz.com
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Evitar el control, ya que nadie tiene derecho a controlar a otro. No podemos pretender ser dueños de nuestra pareja si queremos entablar una relación saludable.

Adoptar aspiraciones realistas, la persona perfecta no existe y es imposible que una persona real se ajuste a nuestro ideal. La pareja ideal se construye cotidianamente con la comunicación, comprensión, tolerancia. La pareja perfecta puede estar muy cerca de nosotros, pero será imposible descubrirla si nos aferramos a la pareja ideal.

No debemos ser prejuiciosos a la hora de conocer a alguien, ya que muchas veces, las personas son más de lo que aparentan y podríamos encontrar el amor en cualquier lugar.

A la hora de decidirnos por una relación, debemos basarnos en los sentimientos y en la razón, pues no basta uno u otro para tomar una decisión correcta.

No es necesario apresurarnos a amar, ya que el sentimiento toma tiempo en llegar, pues es necesario conocer al otro para que se establezca.

Las personas suelen ser diferentes y esto no es un obstáculo para la relación siempre que existan intereses comunes.

Si la relación requiere de abandonar intereses o principios, estará condenada al fracaso, pues la frustración que esto implica termina por degradar la relación.

La mentira siempre se descubre, por lo tanto, debemos desterrarla de una relación si queremos que dure.

La belleza física no es un elemento imprescindible en una relación, ya que no es eterna, lo que sí importa es la personalidad, pues dura toda la vida.
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La coodependencia más común es la de una pareja en la que unos de sus miembros sufre una enfermedad o una adicción, el otro dedica su vida a cuidarle y a ayudarle pero sin dejar que se cure completamente, ya que, lo que da sentido a su vida es sentirse útil y necesitado.

Esto explica que hay personas que tienen un rasgo común en todas sus relaciones, siempre se enamoran de alcohólicos, personas sin trabajo que hay que mantener, personas que necesitan algún tipo de ayuda.

Esto es una lucha en que cada uno ejerce su forma de control del otro asumiendo papeles de víctima o de salvador. Los expertos coinciden en que quien está inmerso en una relación de coodependencia, nunca se da cuenta de ello por sí mismo, corresponde a un tercero desde fuera la responsabilidad de hacerlo evidente.

La coodependencia puede provocar también una serie de síntomas psicosomáticos inespecíficos, dolores de cabeza, desarreglos digestivos menstruales, insomnio o trastornos psicológicos o enfermedades como la depresión, la obesidad, la bulimia. Los primeros síntomas de alarma serían no estar a gusto, no sentirse feliz, no querer llegar a casa, no sentir deseo. Ante esto siempre cabe preguntarse a uno mismo que me pasa.

El temor de comprometerse:

El miedo a la intimidad, al compromiso, a la dependencia amorosa que hoy día se da con mucha frecuencia es también un tipo de relación dependiente. Hay muchas personas que cuando les surge el deseo, la atracción por alguien o se enamoran les aparece automáticamente el miedo a la dependencia, al compromiso. Suelen darse estas situaciones en personas con experiencias anteriores dolorosas y frustradas o en personas con padres separados.


fuente: publiboda
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Porque internamente tenemos una programación que nos conduce a elegir personas difíciles, no estamos preparados para ser felices y gozar del amor. Además el peor motivo para buscar pareja es por estar solos, si nos desesperamos elegiremos lo peor. Cuando tenemos demasiada hambre comemos cualquier cosa, no elegimos. Si estamos hambrientos emocionalmente hacemos igual, y en cuanto a pareja hay que seleccionar sin apuro.

Soluciones:

1.- “Esto es lo que quiero para mi”? También es bueno habituarse a poner la atención en las virtudes del otro y no en los defectos, pues en lo que ponemos pensamiento y atención se reproduce (si creo y pienso que mi pareja es infiel, crearé las condiciones para eso).
2.- Hablar con parejas amigas que sean felices y preguntarles como lo lograron. Ellas tienen una información que tu ignoras, busca conocerla. Nuestro ego nos invita a envidiar, porque maneja un concepto estrecho de escasez, hay que hacer caso al espíritu, quien sabe que hay amor para todos, entonces intentemos y copiemos, no envidiemos.

3.- Trabaja contigo mismo. La principal fuente de frustración al nivel de pareja es querer cambiar al otro, olvídate del otro. Comienza a buscar todo lo que puedas hacer para ayudarte, sanar las heridas de tu niño interior y alimentar bien tu mente subconsciente, pues ella siempre ejecuta lo que lleva dentro.
Si tienes pareja y las cosas no van bien, haz lo mismo, pues al tu mejorarte mejora el otro. Ahora, si hay muchas cosas que te molestan del otro, inconscientemente te estás diciendo que es la persona errónea y quieres cambiarla. El trabajo personal te dará dos alternativas:

a). Si la persona con la que estás es quien mereces, comenzará a darte el amor que esperas.

b). Si no es la que te conviene, se irá y vendrá otra como la que quieres. Si la incomodidad es muy grande, no duermes, estás sufriendo, perdiste el apetito, estás preocupado, sal cuanto antes de allí, Haz caso, después vienen cosas peores: enfer-medades graves, grandes conflictos, violencia. Cuesta, es muy difícil, el cuerpo emocional siente un gran vacío, pero hay que abandonar la relación, parece broma pero pueden caer en el estado que escribe la canción de Shakira: sorda, ciega, loca, muda... y además la parte psicológica no tiene cirugía que la repare una vez se pierde la salud.

Un lema para todos: UNA RELACIÓN DE PAREJA ES SIEMPRE PARA ESTAR MEJOR. Una buena relación es un contrato entre dos, donde ambos hacen lo que está a su alcance para hacerse mejor la vida. Si no, no hay relación, pues tener pareja no es para competir, cambiar al otro o descargar las neurosis que padecemos.

Renuncia a sufrir, decrétalo, grítalo, escríbelo, comprométete contigo mismo a respetarte y darte amor. Primero renuncia a lo que no quieres, luego elige y afirma lo que deseas para ti. Ámate a ti mismo, no vivas la fantasía de creer que si llega alguien que te ame todo se resolverá.

Si tu generas amor, atraerás amor; el gran secreto de oro para vivir una gran relación es amarse a uno mismo, no te sacrifiques por nadie, pues te desequilibrarás, siempre tú en primer plano.

Pide a Dios que te ayude a encontrar el plan que El tiene para tu vida, pues no estamos llamados a vivir desdichados, sino a vivir en Amor y desde el Amor, pues venimos de un Dios que es todo Amor. OLVIDA Y PERDONA, lo que te tocó vivir tenía un sentido aunque no lo comprendas.
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No existen relaciones afectivas perfectas, las relaciones humanas, más la de pareja, son una herramienta muy valiosa y fuerte de evolución; siempre vamos a compartir con personas que nos dan la posibilidad de aprender algo y crecer. De nosotros dependerá elegir entre maestros “cariñosos o violentos”.

Si ya tienes pareja y las cosas van mal, recuerda: “TIENE SENTIDO” que esa persona esté en tu vida, ¡hay algo que debes aprender! Para empezar distingue si es amor, pues nos enseñaron a ponerle ese título a situaciones conflictivas y neuróticas causantes de dolor, frustración y resentimiento.

NADIE SUFRE POR AMOR

Es absolutamente imposible sufrir por amor, se sufre por carencias y heridas emocionales de la infancia. Muchos creen que están viviendo “el amor de su vida” porque se sacrifican y dejan de lado sus vidas. El amor es vitamina F = Felicidad; es estímulo, estar bien, entusiastas, progresar, ser creativos, vivir en paz. Decir que se sufre por amor es una contradicción total, no se sufre por ser feliz. Si estás en una relación y no te dan el amor que quieres, debes comenzar a buscar una solución, pero no en el otro, sino dentro de ti.

TU PAREJA ES TU REFLEJO

Si tu consorte es una linda y exitosa persona te encanta saber esto, pero si es infiel y fría, no te gusta la idea. Pues es cierto, tu pareja refleja un estado interno tuyo que no manejas a escala consciente. Le echamos la culpa al otro y queremos que cambie, nos aliviamos pensando que tiene más defectos que nosotros y “tapamos” el verdadero problema: un nivel bajo de autoestima, y no te das el amor que requieres tu mismo. Lo positivo es saber que el poder y la solución están en tus manos: para tener pareja y ser feliz tienes que trabajar contigo mismo, ¡que suerte! no hay que esforzarse para que el otro cambie!!!

EL REFLEJO NO ES LITERAL

No queremos decir que tú haces lo mismo que tu pareja, sino que su inadecuado comportamiento de infidelidad, maltrato, indiferencia, etc. Reflejan algo que tu cuerpo emocional cree; inconscientemente pensamos que merecemos lo inaceptable, desviamos la atención en “lo malo” que es el otro y mantenemos la neurosis. Caemos en estas situaciones repitiendo con sus particularidades los modelos de papá y mamá.

CONDICIONES OBLIGATORIAS PARA QUE HAYA PAREJA:

La primera, es la química, tiene que haber algo en el otro que te atraiga. La segunda, es la compatibilidad: debe haber como mínimo un 60% de elementos compatibles, y tercero, compromiso: ambos han de decidir conscientemente el compartir sus vidas para estar mejor, si hay presión y uno está detrás del otro insistiendo, no hay pareja!!, esa es una señal muy clara. Recordemos que la relación de pareja es el amor del uno por el otro, no la absorción del uno por el otro. No lo olvides, quien no está preparado para el compromiso eres tú, y el otro es tu reflejo. Señores, las parejas que nos maltratan y humillan nos están haciendo el favor de recordarnos que tenemos un montón de heridas internas, tu busca como mejorar, agradéceles y déjalos partir. El ego nos hace creer que aguantamos por amor, y no es cierto, soportar, luchar, permitir lo insoportable, sentir persecución, aguantar maltratos, no es amor.



Por Diana Gomez laprensa-sandiego.org
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La experiencia de vivir con nuestra pareja es una de las más enriquecedoras que podemos protagonizar, siempre y cuando sepamos que este vínculo se basa en la comprensión y aceptación del otro.

Aunque en un principio la relación con nuestro amado sea un sueño hecho realidad, en toda convivencia los problemas tarde o temprano aparecen, y de ambos depende poder aprender con ellos: nuestra capacidad para resolverlos podrá ayudarnos a crecer como pareja o a desgastar la relación al punto de precipitar su final.


Los principales problemas de las parejas que conviven tienen que ver justamente con la rutina. Al pasar gran parte de nuestro tiempo junto a nuestro novio o marido, comienzan a molestarnos los detalles que hasta el momento de convivir no teníamos en cuenta. Hasta algunas características de su personalidad que nos parecían graciosas o adorables pasan a convertirse en defectos.

En este sentido es muy importante respetar la individualidad del otro y tener la capacidad de adaptarnos. Esto vale para ambos, porque seguramente hay cosas de ti que a tu pareja tampoco le agradan: el equilibrio consiste en ser más tolerantes y al mismo tiempo evitar repetir formas de conducta que fastidian.

Y sin lugar a dudas, como en toda relación, lo más importante para resolver los problemas de pareja que provienen de la convivencia es hablándolos. La falta de comunicación es la principal responsable por el fracaso de una pareja; jamás tengas miedo o vergüenza de expresar lo que piensas ni lo que sientes porque así te pierdes la gran oportunidad de vivir una convivencia feliz.

Fuente: femenino.info
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Qué podrá inyectar nueva vida en las venas de un matrimonio? ¿Qué puede una pareja introducirle a su matrimonio que le devuelva el calor que una vez tuvo?

Para empezar, deben traer a la memoria aquel día mágico en que como novios se pronunciaron esas palabras sagradas de unión eterna. Allí no hubo hipocresía. No hubo falsedad. Se dijeron que se amarían para siempre porque se querían de todo corazón. En ese momento encantador el tiempo se detuvo y dos corazones se convirtieron en uno. ¿Cómo se les iba a ocurrir que podría venir el día en que ese amor se enfriaría?


Juntos deben decidir que, pase lo que pase, su matrimonio no va a destruirse. El amor es el producto de una determinación, no de un sentimiento, y cuando los dos determinan que la separación no es, ni nunca será, una opción, esa determinación le dará a su matrimonio nueva esperanza.

Uno de los peores males que padecemos en la actualidad es la idea de que el amor es algo que se siente nada más. A eso se debe que haya tantas separaciones y tantos divorcios.

Cuando los casados dejan de «sentir» el amor de novios, suele suceder una de dos cosas: o se convencen de que ya se acabó su relación conyugal, o se valen de ese vacío emocional para justificar una relación extramatrimonial en la que sí vuelven a sentir ese amor excitante de antes. ¿Y qué es exactamente lo que sienten? La pasión sensual, que en demasiados casos no tiene relación alguna con el amor genuino.

La pareja debe invertir tiempo en su matrimonio y no dejarlo al azar. ¡Pero que sea tiempo bien invertido! Eso incluye gozarse juntos, disfrutar de sanas diversiones juntos, pasar noches juntos con el televisor apagado, y compartir confidencias juntos.

Para los que se encuentran al borde del fracaso conyugal, es importante que comprendan que nunca es demasiado tarde para empuñar las riendas de su matrimonio a fin de salvarlo.
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Hay quienes podrían pensar que las reacciones físicas que se registran en el organismo como consecuencia del 'enamoramiento', obedecen a un orden espiritual y estudiarlos desde un punto de vista biológico, nos llevaría a perder la 'magia' del amor. Por el contrario, creo que la espiritualidad es parte de un fenómeno biológico dentro del cual, la conciencia de nosotros mismos es, en sí misma, el sentido más venerable de la espiritualidad.

Así, reflexionando sobre nuestra propia naturaleza, podemos decir que la esencia biológica del amor podría hallarse en una red de eventos físicos, químicos, psíquicos, afectivos y comunicacionales que interactúan influyendo sobre nosotros y nuestro modo de relacionarnos con el otro deseado.

A menudo se utiliza la expresión 'la química del amor' para referir a una compleja variedad de reacciones emocionales en donde pueden identificarse lo 'eléctrico' (a través de descargas neuronales) y lo químico (por las hormonas que intervienen en el proceso). Los signos visibles del enamoramiento responden sin duda, a estos fenómenos biológicos. Y por ello mismo, son en esencia sorprendentes y asombrosos, dignos de nuestro máximo respeto.

Por cierto, cuando nos enamoramos creemos que hemos inventado el amor y que nadie podría amar como nosotros. El amor nos hace sentir dichosos, únicos y especiales.
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Si no haz notado, lo más fácil del mundo hoy día es casarse. Aveces sin ninguna responsabilidad de las partes y sin ninguna visión futurista de como vas a re-organizar tu vida. No estamos hablando de un compromiso momentáneo, el matrimonio abarca un cambio casi instantáneo de lo que solía ser la vida de soltero.

Cuando decides casarte por la iglesia, la primera pregunta que te hace el sacerdote es: ¿en verdad la amas lo suficiente para casarte con ella? Ya desde ese momento puedes darte cuenta del nivel de responsabilidad que representa esa decisión.

Ese debería ser el pre-requisito principal del matrimonio "EL AMOR." Pero vamos a ser sinceros, muchos se enfocan en otras cosas y no abren la posibilidad del amor. Pero para aquellos que no creen en el matrimonio; ¿cómo puedes pensar en amar a alguien y a la vez no quererla tener a tu lado permanentemente viviendo contigo? Olvídese de papeles firmados y todas esas diplomacias sociales. Yo me refiero más en un compromiso serio de amar y tener esa persona a tu lado y después hablamos de papeles y anillos.

El noviazgo, que suele ser la primera etapa, no determina que las cosas vayan a funcionar. Sin embargo, es el momento de demostrar lo real que eres ante las adversidades de la vida y conocerte tanto a tí mismo, como a tu pareja. Debes ser sincero primero contigo y descubrir si todo lo que vez a tu alrededor es lo que realmente quieres para una larga relación.
Durante todo el noviazgo, es tu responsabilidad ser 100% sincero primero contigo mismo. Nada de querer complacer a tu pareja y después pensar en ti. No hablo de vivir para ti, sino que sepas realmente que esa persona es la que quieres para tener a tu lado.

El compromiso es mutuo ante la sociedad, pero en realidad, en tu interior es que debes seguir convenciéndote de lo que quieres. No te dejes llevar de las presiones sociales, los hijos, y los chismosos que te juzgan. Solo si tú quieres es que funcionará.

El matrimonio constituye un gran paso en nuestro desarrollo como personas de sociedad, aunque no estamos obligados a contraerlo. Buena suerte en su elección!
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