Escuchar Es la primera condición para el diálogo. Por experiencia sabemos que nos caen muy bien aquellas personas que saben escuchar. Para comprender al otro es necesario que nos pongamos en su lugar y abandonemos nuestros pensamientos, sólo así lo entenderemos y conoceremos. De lo contrario nos pasa que “entendemos” lo que queremos entender.

Repetir Una buena forma de asegurarnos que hemos comprendido es repetir lo que nos ha dicho el otro, con nuestras propias palabras, pidiendo que nos confirme si hemos entendido bien. Esto le muestra al otro que nos interesa. En cambio ridiculizar lo que el otro dice siempre hiere en el alma.

Responder En la comunicación debe haber respuesta, puede bastar con un “sí… es cierto… sin duda… de acuerdo…” Esto confirma que el mensaje ha sido recibido. Evitar responder con el silencio o con un “hum… mmm…”.

Adecuar los gestos a la palabra Ser coherentes con lo que decimos. Cuando se dice “te escucho” entonces cerrar el periódico o apagar el televisor. Cuando ella se va a demorar en arreglarse no decir “ya estoy casi lista…” sino decirlo cuanto antes y con sencillez.

Valentía En la relación hay muchos sentimientos en juego, esto le da una gran riqueza pero también lo vuelve frágil y está expuesto a crisis. Es importante ser valientes para descubrir el origen de las tensiones, abrir el corazón y examinar el problema. No ganamos nada dejándolo ahí pues con el tiempo crece, se generan mayores resentimientos y por último uno culpará al otro por no haberse dado cuenta a tiempo.

Espíritu positivo Para corregir detalles del otro debemos hacer las observaciones oportunas de la forma más positiva posible, de modo que sea aceptable y no un reproche amargo. Es decir en lugar de lanzarle en la cara lo equivocado que está, decirle en buen plan y con cariño cuán importante es para uno y lo positivo que sacarían si pudieran corregir ese detalle.
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Una de las principales razones puede ser la concepción del matrimonio y del amor que tiene una persona cuando se casa. Está claro que si uno va al matrimonio pensando que si funciona bien y si no también (se divorcia y se vuelve a casar por civil), pues ese matrimonio va directo al fracaso.

El Amor es un sustantivo y por tanto refleja estatismo, amar es un verbo y refleja por tanto acción. Parece un juego de palabras pero no lo es.Nos comenta también que el amor es estático, no se mueve, no avanza, no crece, no se recupera... SI NO SE AMA.

El amor necesita la acción de amar. Por eso, justifican que el amor igual que viene se va y es cierto, el amor para permanecer necesita del verbo amar.¿Cual es la solución cuando ya no hay amor? Amar, amar más. Hay un conocido proverbio que dice: Hay que sembrar amor, donde no hay amor, para cosechar amor. En la medida en la que ames más habrá más amor. Quizás sea esta una de las claves de la diferencia entre el enamoramiento y el amor. El enamoramiento viene y va, el amor se quiere, se busca, se defiende, se trabaja.

Que cuesta porque ya no sientes lo mismo? Pues claro que cuesta.Pero todo lo que cuesta vale. Además, que significa eso de “sentir”? Definitivamente la solidez de un matrimonio no se puede sustentar en que “hoy siento que te amo”, “hoy no siento nada por ti”. No podemos dejarle todo el trabajo al corazón, hay que aprender a sentir también con la cabeza, con la inteligencia, con la lógica, la cual nos hará pensar en que muchas veces tenemos que hacer cosas que no “tenemos ganas” porque hay que hacerlas, porque es lo que se debe hacer en ese momento.


¿Has pensado alguna vez que ya no hay amor en tu relación? ¿Que se ha ido?. Ama y verás como vuelve, dale vueltas a esta idea y verás como las cosas se pueden ver de otra manera . Hay aspectos de la vida que de tan naturales no se les presta demasiada atención. Pareciera que su desarrollo y crecimiento fuera automático. Así pasa con demasiada frecuencia con el amor matrimonial ¿No es lo más natural que los esposos se amen? ¿Porqué se iban a casar si no fuera así?.Sin embargo el mayor peligro de lo natural es precisamente ese, al ser considerado natural se entiende que no hace falta preocuparse de ello, está ahí. Precisamente por esa razón pienso que hay que dedicar tiempo al amor entre los esposos. Nunca, ni en los mejores días hay que dar nada por supuesto. Desde el primer momento hay que cuidar ese amor para que crezca y se haga cada vez más fuerte.

Muchas personas piensan que el amor fuerte es el que despierta pasiones y sentimientos volcánicos y ello encierra un gran peligro para el amor verdadero. El amor más fuerte es el que supone querer al otro cada día, no haciéndolo depender de emociones fuertes.

Hace falta aprender a amar y …. amar precisamente cuando el amor no parece fuerte ...
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Cuando reñimos con nuestra pareja y no sabemos cómo expresar nuestro arrepentimiento de una forma clara y sincera, un fuerte abrazo es una de las mejores opciones para hacerlo…

En la relación de pareja el arte del abrazo es algo que siempre debe estar presente.

El calor del físico y emocional que proporciona el abrazo de la persona que amamos es el reconstituyente ideal luego de un cansado y largo día, luego de una discusión y también para demostrar espontáneamente nuestro amor, deseo o afecto, y por qué no, también es la forma perfecta de terminar el día antes de ir a dormir!

No olvides que un abrazo puede decir mejor lo que tu boca no expresa con claridad.

El contacto físico del abrazo es la vitamina diaria que toda pareja debe tomar para iniciar un buen día!

Hazle sentir a tu pareja, todo tu apoyo, comprensión, admiración, ternura y amor con el amarre de tus brazos y dale así todos los beneficios que el abrazo puede aportar a su vida.


El abrazo es el mejor antidepresivo que existe, tiene la capacidad de sanar cualquier herida, la fuerza para llenar cualquier vacío y la armonía ideal para despertar al amor!
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Uno de los errores más extendidos acerca del matrimonio es casarse para ser feliz. Y es que la felicidad no se consigue empeñándose en ser feliz, sino procurando que lo sean los demás. Ya lo decía Kierkegaard: “Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro, quien se empeña en empujar en ese sentido sólo consigue cerrarla con más fuerza. Se abre hacia fuera, hacia los otros”.

La experiencia enseña con creces que cuando uno se siente triste, es cuando más necesita pensar en los demás, ya que muchas de las causas de la tristeza están relaciona

das a enfocarse en uno mismo y ver su propia realidad sin tener en cuenta la de las demás. Muchos problemas de “crisis” en el matrimonio sólo existen en la cabeza de quien los piensa que al no tener un dominio de su imaginación, provoca que realmente contaminen el matrimonio.

Uno de los mejores escritores actuales sobre estos temas, Javier Vidal Quadras, nos dice en su libro, Después de amar te amaré, que empeñarse en la propia felicidad es billete seguro a la frustración, a la depresión. La felicidad, es como el sueño en una noche de insomnio: cuanto más se concentra uno en conseguirlo, más esquivo se hace. Sin embargo, si, como dicen los especialistas en sueño, uno se olvida, se levanta, lee…entonces es más probable que el sueño acuda. Amar a los demás requiere esfuerzo. Pero es un esfuerzo muy bien remunerado: olvidarnos de nuestra felicidad tiene como recompensa esa misma felicidad: ¿Una extravagancia de la naturaleza humana? Por el momento, un dato de la experiencia.

Las personas más felices son las que pueden controlarse a sí mismas, que están preparadas para afrontar los problemas de la vida y sacar provecho de ellos. Lo confirman diversos estudios, hace poco leí uno en que indicaban que ante una crisis matrimonial, quienes deciden luchar y seguir adelante son mucho más felices que quienes decidieron divorciarse.

La felicidad que proporciona el saberse querido, la realización de una buena obra o el éxito de una actividad que costó mucho esfuerzo superan con creces la felicidad “material” del tener, y además se alarga en el tiempo.


La conclusión final es que uno no va al matrimonio para ser feliz, sino para hacer feliz al otro. Se trata de esforzarse cada día. Quien renuncie al esfuerzo ha firmado la sentencia de muerte de su matrimonio. Con la conciencia tranquila de saber que estamos dando todo lo que esté a nuestro alcance y lo que no para mejorar en nuestra familia y en nuestro trabajo, la alegría está asegurada, pase lo que pase. Se trata de luchar, no de vencer siempre. Sólo pierde el que no da todo lo que lleva dentro.

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Existe una fórmula para conservar el amor a través de los años? Aquellas parejas que -casadas o no- logran envejecer juntas coinciden en una cosa: mantener una unión firme es mérito de dos.

Una persona enamorada no es alguien que tiene un sentimiento fuerte por otra, sino alguien que no concibe su vida sin su pareja. Es algo mucho más poderoso que un sentir, es un modo completo de estar y engloba todos los otros sentimientos. Se trata de una dimensión desde donde se vive todo el resto de la vida, incluida la relación amorosa.

Pero una idea básica que rescatan quienes están en pareja desde hace décadas es que el amor no
es algo natural, entendiendo por natural aquello que no depende de nuestra acción.

El amor sólo vive en la medida que los enamorados se encargan de alimentarlo cada día.

El hecho de creer que una relación se da naturalmente porque "están hechos el uno para el otro", es una de las formas más frecuentes de poner la relación en peligro, porque si es natural, entonces nada hay que hacer.

Una relación partió del cortejo y prosperó en un enamoramiento, pero sólo vivirá muchos años si la pareja se encarga de nutrir día a día esa vibración, Busca maneras de revivir aquellas cosquillas que dieron el puntapié inicial.


No olvidemos mantener el amor, cultivarlo siempre, conquistarse mutuamente -cada día- con pequeños detalles.

Es importante y necesario también, compartir, dedicar tiempo a estar juntos, hablar sobre los problemas y alegrías. Pero sobre todas las cosas: comunicarse.

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Usted ha gastado demasiado otra vez, y ahora está discutiendo con su cónyuge acerca de cómo pagar las cuentas. Pues, usted está dentro de lo típico: más peleas giran en torno al dinero . El dinero es una fuente de fricción, pero no tiene que ser así.


1. No permitan que el dinero los divida. Aunque estén enfrentando una situación económica difícil. No haga ataques personales a su cónyuge. En lugar de ello, busquen juntos la manera de resolver el problema.

2. Tenga una “cita financiera” cada semana. Eviten hablar de problemas de dinero antes de irse a la cama o antes de salir a trabajar. Escojan el momento en que no estén cansados, con hambre o de mal humor.

3. Hagan un plan de gastos sencillo. Así que, en vez de preguntarse después en qué se les fue el dinero, planifiquen de antemano cómo va a manejarlo. Hay una serie de presupuestos a la mano, desde la técnica de poner efectivo en sobres, hasta herramientas en línea y software.

4. Permítanse cierta libertad en el presupuesto. Pónganse de acuerdo en una cantidad máxima que puedan gastar sin que antes tengan que consultarse mutuamente. El monto destinado para esto dependerá de una serie de factores: El monto que tienen que pagar por la vivienda y por las deudas. Al pagar lo que deben y aumentar su ahorro, la cantidad de lo que puedan gastar libremente será mayor.

5. Ahorren para las emergencias. Cuando el refrigerador ya no dé más, o explote el radiador del automóvil, se les arruinará el presupuesto a menos que tengan ahorros.

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* Esperar a que mi pareja adivine lo que quiero y necesito, a que se adelante a mis deseos antes de formulárselos, a que renuncie a su vida personal y me coloque en el centro de su existencia, a que sea la procuradora de mi felicidad.

* Responsabilizarle de mis frustraciones, de que lo que obtengo de mi vida de pareja no se corresponde con mis expectativas, de los cambios que he tenido que introducir en mi vida.

* Competir por quién es más o menos, mejor o peor, quién le debe más o menos al otro, quién es esto, aquello o lo otro, quién es el que más pone para mantener viva la pareja.

* Ser infiel al proyecto en común, pero no entendido exclusivamente como las relaciones sentimentales y/o sexuales con otra persona sino en su totalidad. Para no perjudicar a nuestra vida en pareja hemos de mantenernos leales al compromiso adquirido, trabajar día a día para reavivar ese proyecto común, intentar que esa ilusión inicial, ese amor, crezca; o, al menos, se mantenga y la vida resulte gratificante para ambos.

* Acumular, sin sacarlos a la luz y sin comentarlos de forma relajada, desaires, desacuerdos, enfados, reproches, faltas de respeto y desilusiones,.

* Dudar de la otra persona. Las fisuras por falta de confianza suponen el inicio del resquebrajamiento de la pareja. Es difícil, y muy duro, amar a alguien de quien se duda.

* Permitir o propiciar los silencios ante situaciones que pueden provocar un desencuentro o bronca. Positivicemos: una circunstancia crítica puede ayudar a aclararnos, a adoptar compromisos y acuerdos. El silencio es el vacío y en éste (aunque en principio pueda resultar apacible y llevadero) no hay nada.

* Renunciar a formular nuestras quejas, necesidades y querencias de una forma clara, concisa y directa. Hemos de mostrar una clara intención de negociar cambios concretos y de acordar en firme con plazos determinados, todas las cosas que planteamos.

* La ironía, el sarcasmo, la crítica destructiva, el grito, el insulto, la ridiculización, la descalificación o el desdén al dirigirnos a la otra persona. Las formas cuentan, y mucho. La familiaridad no debe convertirse en ordinariez, falta de respeto o grosería. Hemos de procurar que las discusiones tengan un cierto protocolo, unos límites que no conviene sobrepasar. Todo puede decirse con un mínimo de corrección y respeto al otro. Lo cortés no quita lo valiente. -Culpabilizar al otro de todo cuanto no ha salido como esperábamos.



* Gestionar mal las cosas prácticas. Una vida en común tiene muchos aspectos tangibles,
prácticos y cotidianos sobre los que hay que llegar a acuerdos. Hemos de hacer frente a tareas domésticas, gastos y otros cometidos familiares. Habrá que hablarlo y ver cómo vamos a organizar los gastos, la distribución de las tareas domésticas, la crianza de los hijos o, incluso, las vacaciones. Lo mejor es una negociación continua que se adapta a cada etapa de la relación.

* Creer que sólo existo en cuanto que miembro de la pareja. La relación es cosa de dos, pero de dos que suman. Por tanto, empieza por uno mismo y es por ello que me cuido física y anímicamente, me mimo y hago de mi vida una vida rica en situaciones, experiencias nuevas y sensaciones; en esa medida, aporto riqueza a esa relación. Cada uno tiene su propia vida y la pareja es la expresión de dos vidas que se unen para sumar, para aportar la una a la otra.
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Casi siempre compartir todo en la pareja, es muy normal, pero nos preguntamos si decir absolutamente todo esta bien. Por lo general en el 99% de los casos sí.
Contarse las cosas, como nos sentimos, que situaciones nos agradan tanto para ella como para él suele ser beneficiosos y fructífero en la relación, ya que forma parte de la buena comunicación entre dos personas, y nos permite ser directos y sutiles con nuestro compañero.

Si ambos se cuentan las cosas buenas y malas, y se dicen todo, es fácil sostener un vínculo donde la confianza es fundamental, y de esta manera saber lo que el otro esta pensando o como va a actuar es mas predecible.

Si se tienen dudas, sobre la pareja, lo mejor es preguntarse, y de esta manera saber, y si desde un principio de común acuerdo hay temas de los que se decide no hablar, se puede mantener la confianza sin miedo a encontrarse con situaciones poco agradables que de entrada deben estar claras.


Si nos sentimos seguros de nosotros mismos y nuestro compañero, las relaciones de pareja fluyen sin inconvenientes, y estudios realizados de consulta sobre personas que llevaban más de 30 años juntos, concluyeron, que el ser honestos entre ambos, ha sido uno de los condimentos fundamentales, para poder sobrellevar tantos años de pareja, y es esto lo que hace que la comunicación sea el medio de confianza que los invita a seguir eligiéndose unos con otros.

A tenerlo en cuenta, comunicarse, sentirse seguro y sentir confianza, parecen ser los pilares fundamentales en una buena relación.
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