¿Es posible que el amor dure toda una vida y que ésta pueda compartirse con la persona elegida?

La vida, su transcurrir con el paso de los años, es en multitud de ocasiones más que imprevisible. El amor y el compromiso también.

Pero, afortunadamente, quedan ejemplos suficientes para pensar que no pocas veces el matrimonio puede superar las marcas que deja el paso de los años, y puede mantenerse firme a los sentimientos que llevaron a formalizarlo.

¿Las claves? No existe una receta válida para todas las relaciones, aunque sí una base común en la que han coincidido todas las parejas que aparecen en estas páginas: amor y respeto. Sobre esta base, se ha de construir un día a día que se cargará de detalles imperceptibles –en unos casos– y de ternura y fidelidad –en otros–.

Tras conocer las historias que proponemos, sí parece probado que es posible vivir un amor como el que siglo tras siglo cantaron los poetas. Un amor que es capaz de superar obstáculos, de saltar barreras y seguir caminando de la mano, de perdonar, de dar y de darse porque sabe que si mira a los ojos del otro se dará cuenta de que ha encontrado el sentido a su vida.

Un amor que con el paso de los años se envuelve de comprensión y ternura, llenándose de la fuerza suficiente como para dar el siguiente paso. Un amor que es compañero, amante y amigo y que como tal requiere cuidados y mimos diarios, con el objetivo de seguir indeleble y poder así, soportar los posibles avatares que surjan más adelante.

Un testimonio

Julio (84) y Concepción (85), 53 años casados
Los matrimonios ya no son lo que eran. Hoy ya nadie aguanta a nadie porque no se infunde a la juventud el amor que se necesita para casarse y los matrimonios rompen como si se tratase de un lazo que se deshace fácilmente”, asegura Julio. Concepción, por su parte, añade que “para mantener un matrimonio unido se necesita tener mucha paciencia y saber transigir aunque lo fundamental es el cariño. Yo me he enfadado con mi marido miles de veces pero al final, como nos queremos, las cosas se olvidan”



Fuente: Jubilo.es
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Las crisis matrimoniales tienen diversos cauces para ser resueltas en nuestra legislación, al menos en el plano más formal, como es el jurídico.Un matrimonio en crisis definitiva debe plantearse la manera en que quiere resolver su problema y la ley ofrece distintas alternativas, las que deben estudiarse de cara a la situación real de la pareja en cuestión.

La declaración de nulidad de un vínculo canónico es el final de un juicio,en el que las partes han pedido al tribunal que resuelva una duda de conciencia: si el acto que celebraron en la Iglesia Católica fue o no matrimonio.

La respuesta del tribunal sólo puede ser una de dos posibilidades: la declaración de la validez del matrimonio o su nulidad. En este último caso, la sentencia manifiesta que, por un defecto del consentimiento o la incapacidad de una o ambas partes, nunca existió el vínculo conyugal, a pesar de su celebración formal y la apariencia de existencia.

Una vez declarada la nulidad canónica del matrimonio, ¿qué pueden hacer las personas para dejar sin efecto su vínculo civil? Una posibilidad es acudir al divorcio, invocando alguna de las causales que señala la ley.

Esta solución, sin embargo,puede ser contraria a las expectativas de alguno de los involucrados y a sus convicciones más profundas. Hay personas que se han planteado la siguiente cuestión:
¿por qué tengo que pedir el divorcio si ya una sentencia de un tribunal eclesiástico ha declarado que mi matrimonio es nulo?

La historia de la ley de matrimonio civil vigente muestra que uno de los fines de la reordenación de las causales de nulidad fue permitir a quienes se hubiera declarado la nulidad por sentencia eclesiástica, invocarlas mismas causales en un juicio de nulidad del vínculo civil. De este modo, no tendrían que recurrir al divorcio. Por esto, los legisladores incorporaron nuevas causales de nulidad, cuya fuente era el Derecho Canónico. Se incluyeron las incapacidades consensuales, las más invocadas en los juicios eclesiásticos.

En Alapar tenemos expertos especializados en el tema. Si quieres mas información solicita una cita.
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Habilidad para resolver conflictos

La forma en que las personas resuelven un conflicto y la manera de enfrentarlo, es un elemento crucial para la estabilidad de una pareja. Es necesario aprender a discutir y enfrentar las desavenencias, no hacerlo, atenta directamente contra el vínculo.
La forma negativa o positiva en que se enfrenta un conflicto de pareja, es un indicador de los resultados posibles para la estabilidad de la relación.



Aptitud para negociar


Las relaciones interpersonales tienen un componente de negociación. Cuanto mejor sea la capacidad de negociar, mejores serán los resultados en términos de satisfacción matrimonial.
Una persona que no plantea asertivamente sus necesidades y defiende sus puntos de vista de una manera positiva, corre el riesgo de ser avasallada, reprimida y amordazada, lo que finalmente va en contra de la estabilidad de su pareja. Eso lleva hacia otra aptitud marital necesaria.

Capacidad de comunicación efectiva
No basta decir, es necesario que la comunicación sea efectiva en términos de comprensión y empatía con las necesidades tanto personales como de otros. Muchas personas prefieren callar para, supuestamente, "evitar conflictos", cuando en realidad con su actitud generan precisamente aquello que pretenden evitar.
Una comunicación inefectiva produce estrés emocional, sentimientos de frustración, problemas de autoestima, y todo eso va generando un ambiente propicio para el quiebre de la relación.

Fuente: Miguel Ángel Núñez
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“Nuestro amor se mantendrá para siempre con el paso del tiempo”

“Mi pareja deberá ser capaz de anticipar mis pensamientos, mis sentimientos y mis necesidades

“Mi pareja no herirá nunca mis sentimientos”

“Si me quisieras de verdad, te esforzarías siempre por agradarme (Por satisfacer mis deseos y necesidades)”

“Amar significa no tener que estar nunca enfadado ni disgustado con mi pareja”

“Amar significa querer estas siempre juntos”

“Los intereses, objetivos, y valores de cada uno serán siempre los mismos"

“Mi pareja será siempre abierta, directa y honesta conmigo”

“Como estamos enamorados, mi pareja me respetará, comprenderá y aceptará independientemente del tipo de conductas que yo lleve a cabo”


“Sería terrible si mi pareja me pusiera en un aprieto, me minusvalorase o me criticase”

“El grado de sexo, cariño y compromiso presente en nuestra relación no debe disminuir nunca”

“Debemos estar siempre de acuerdo en cualquier tipo de asunto”



Todas estas creencias falsas y metas poco realistas, llevan con frecuencia a las parejas a la desilusión, al desengaño, a la frustración y a la ira, en definitiva a una relación insatisfactoria para ambos. Uno de los objetivos de los cursos consiste en relativizar, clarificar estos conceptos poco realistas y destructivos.

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Con mucha frecuencia los jóvenes que nos consultan nos preguntan; ¿Es acaso posible diagnosticar un noviazgo? ¿Es posible determinar desde antes de contraer matrimonio si éste será viable o no?

Nuestra respuesta es siempre la misma; Por supuesto que sí es posible diagnosticar un noviazgo y pronosticar, razonablemente, si el proyecto matrimonial propuesto, es viable. Para esto hemos de considerar las siguientes premisas: Todo diagnostico de factibilidad es un análisis en torno a la posibilidad de un proyecto y jamás una póliza de garantía respecto al éxito.

El éxito de todo proyecto y especialmente del conyugal, siempre es el resultado de un arduo esfuerzo, jamás es obra del azar o de la casualidad. Sin embargo es cierto y real que el éxito de todo proyecto dependerá, antes que de cualquier cosa, de que sea en sí mismo posible.

El análisis de factibilidad es un diagnóstico en orden a las posibilidades de un proyecto matrimonial, las cuales, de existir, exigirán para realizarse un montón de conductas subsecuentes. Pero también es real que si la relación amorosa no contiene los elementos mínimos de estructura conyugal el proyecto está marcado de muerte desde el principio, precisamente por no contener los elementos estructurales mínimos que lo hacen posible.

Por lo tanto, no todo diagnóstico de factibilidad es póliza de garantía, ni todo diagnóstico de infactibilidad es sentencia de muerte, pues la libertad de los amantes siempre podrá poner, aunque de modo extraordinario, los remedios necesarios para su propia salvación. El diagnóstico de factibilidad es un juicio aproximado respeto a las posibilidades de éxito de un proyecto matrimonial.

2.- Todo diagnóstico lo es respecto de algo y no de nada. Si el matrimonio no fuera algo concreto y real sería imposible diagnosticar un noviazgo, así como también un matrimonio ya fundado, en orden a su proceso de mejora, perfeccionamiento o restauración. Lo que hace posible nuestro trabajo es precisamente la realidad objetiva del amor conyugal y del matrimonio, sin lo cual todo intento diagnóstico y terapéutico sería una pérdida de tiempo y una estafa a la confianza nuestros clientes.

3.- No es lo mismo diagnosticar un noviazgo que un matrimonio, el noviazgo se estudia y diagnóstica en función del matrimonio que se pretende fundar, por lo tanto el resultado valorativo y en su caso las recomendaciones terapéuticas se encuentran enfocadas al matrimonio en sí, a su estructura, antes que a la vida matrimonial que es una dinámica que inicia una vez fundado el matrimonio.

Por el contrario, el diagnóstico diferencial del funcionamiento conyugal parte del análisis de la estructura real fundada por esos cónyuges y a partir de ahí de las dinámicas a través de las cuales se ha proyectado su matrimonio, aquí el foco diagnóstico y terapéutico es la dinámica aunque partir de la estructura real de la unión conyugal.

Lo que se busca cuando se diagnostica un noviazgo es advertir a los novios las áreas de riesgo, las amenazas existentes, a efecto de que corrijan las desviaciones detectadas o bien desechen su proyecto matrimonial. En cambio, la finalidad que se busca al diagnosticar un matrimonio es siempre lograr procesos de mejora, perfeccionamiento o restauración de la unión conyugal.


Luis Lozano y Blanca Mijares.
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A muchos les sorprende que nosotros sostengamos que existen incapaces de amar conyugalmente y por tanto incapaces de fundar un matrimonio real.

El matrimonio es una relación interpersonal y tiene un contenido objetivo y real, es por ello y gracias a esto que el escenario de la incapacidad es perfectamente posible y hasta muy frecuente en nuestro medio.

Ante todo hemos de desechar la idea de que la incapacidad para el matrimonio pueda ser el efecto de alguna anomalía de orden físico. El matrimonio no es una relación de índole elitista, exclusiva de los mejor y más dotados de la tierra. Toda incapacidad para el matrimonio es el efecto siempre grave de alguna anomalía de orden psíquico, pues desde el punto de vista físico sólo la impotencia sexual es incompatible con el matrimonio y no constituye una incapacidad en sentido estricto sino una inhabilidad, pues la causa del matrimonio es de índole inmaterial y no de naturaleza física.


Efectivamente, la única causa eficiente del matrimonio es el acto de voluntariedad racional de los amantes, que siendo manifestado legítimamente causa la unión conyugal y hace nacer aquella realidad inmaterial que llamamos matrimonio.
Si la única causa del matrimonio es aquel acto de voluntad racional que los especialistas llamamos, consentimiento matrimonial, la incapacidad para el matrimonio no es sino aquella carencia, siempre grave, de poder poner de modo real ese acto de voluntad racional necesario para fundarlo.


Casarse de modo real no exige cualquier tipo de consentimiento o de acto voluntario. El consentimiento matrimonial es un acto humano cualificado, pues supone que los amantes toman su propia naturaleza humana, masculina y femenina, y en un acto soberano respecto de sí mismos se dan y acogen de un modo radical. Este darse y acogerse exige en los amantes, para poder ser real, una dosis mínima pero real, de dominio y posesión de sí, pues de lo contrario el acto de darse y acoger por falta de contenido real no podría ser un acto fundacional de un matrimonio real.


En atención a esto, toda incapacidad para el matrimonio implica una escena de insuficiente gobierno y posesión de sí, misma que impide un don y acogida reales.
¿Cuáles pueden ser las causas por las que un amante es incapaz de este acto voluntario cualificado?


Las causas pueden ser muchas y muy diversas, pero todas tienen un elemento común; la existencia de una anomalía cuyo efecto, siempre de índole psíquica, arrebata al amante la capacidad mínima para realizar actos voluntarios de determinación biográfica. Así, un hecho, sea físico o no, puede ser la situación anómala que provoque en nuestro amante, siempre atendiendo a su situación particular, una afectación psíquica que reduzca sus procesos intelectivos o volitivos, e incluso biopsicosomáticos, afectando seriamente su capacidad de autodeterminación biográfica indispensable para estructurar un matrimonio real.


Ser incapaz nunca es un estado de normalidad, por lo tanto toda incapacidad se ha de originar en alguna anomalía. Pero la anomalía no es la incapacidad sino su causa. La incapacidad es siempre el efecto grave de una anomalía.


Generalmente las incapacidades para amar conyugalmente se gestan en los amantes en el decurso de su devenir biográfico, por lo que siempre será muy recomendable indagar el pasado de nuestro candidato al matrimonio, con el propósito de detectar posibles causas de trastornos o anomalías.


Es importante no confundir el término trastorno o anomalía con los contenidos que estos términos puedan tener en la ciencia psicológica o médica-psiquiátrica. Aquí usamos estos términos en clave exclusivamente conyugal que aunque los abarca y comprende no se limita sólo a esos contenidos.


Tal vez un ejemplo nos pueda ayudar a delimitar estos escenarios de incapacidad. Supongamos que Tomás es hijo de una familia del norte de México. Tomás ha sufrido, desde muy pequeño, el maltrato físico y psíquico sistemático de un padre alcohólico, y el abandono afectivo de una madre siempre ausente y golpeada por su padre. Tomás vivió esta situación hasta que cumplió sus 15 años, edad en que decide liberarse de los maltratos de sus padres saliéndose de su casa e instalándose en un barrio con otros chicos en situación semejante en donde Tomás adquiere el vicio de las drogas.


En humanidades no sucede como en las ciencias físicas, no hay leyes como las de la gravedad, por esto decimos, que en el ejemplo propuesto es probable, que Tomás se encuentre seriamente afectado para las relaciones interpersonales, lo que probablemente pudiera llevarlo a una escena de incapacidad para el amor conyugal. Si Tomás no recibe ayuda profesional y oportuna es probable que en el futuro no pueda o tenga serias dificultades para fundar y vivir un matrimonio real.



Luis Lozano y Blanca Mijares.

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Óleo sobre tela del pintor poblano Ignacio de la Vega, titulado “Noviazgos de Alto Riesgo”. Hecha a petición de Luis Lozano y Blanca Mijares. La obra expresa, a través de signos muy específicos, la esencia del amor conyugal y del matrimonio.

1.- El amanecer de un nuevo día a la caída del invierno, el nacer de la primavera. Lo que significa inicio, eclosión, el surgir de una relación de amor que arranca su historia con todo su vigor, con todas sus posibilidades.

2.- Un entorno natural, rodeado de verde y exuberante vegetación. La naturaleza significa lo ecológico del amor humano y su potencial belleza. Nada más natural que el amar.

3.- Al centro de la obra dos bailarines, un hombre y una mujer, ambos, por su naturaleza, diversos y complementarios. Dos modos diversos de ser igualmente persona humana. Ambos protagonistas de la naturaleza y de la nueva relación de amor que sólo ellos componen. El baile es la escena posible a su diversidad.

4.- Una pista natural de hielo, misma que significa el espacio y el tiempo, la página en blanco sobre la cual estos amantes escribirán, como artistas, la historia de su amor, realizarán su baile.

5.- Sobre la pista, el par de bailarines simbolizan a una joven pareja de amantes. Cada bailarín es un amante que comparece a la escena del amor con su propio equipamiento, con su mejor o peor capacitación y entrenamiento para bailar, cada uno más o menos determinado a hacer su mejor faena, es decir, mejor o peor equipado para amar.

6.- La escena muestra una invitación a bailar aún no aceptada, lo que simboliza una relación en fase germinal, aún en fase de invitación, un noviazgo. La naturaleza los invita a bailar, pero la invitación no es el baile, es preciso responder desde la libertad de cada uno de los amantes.

7.- Los bailarines portan trajes para la ocasión, los trajes simbolizan la exteriorización de la disposición interna a bailar, es decir, a amar. El de ella es color lila, el color del amor, y el de él remarcado en verde simboliza lo natural del amor.

8.- El elemento más simbólico lo constituyen las máscaras venecianas que cubren el rostro de estos amantes. Las máscaras simbolizan el siempre amenazante escenario de riesgo; la posible incapacidad de amar, lo desconocido, tal vez lo ocultado, simulado o fingido, lo ignorado, lo errado o condicionado, lo dolosamente inducido, la falta de libertad interna o la situación personal incompatible con el amor conyugal, en fin, los diversos escenarios de riesgo que asechan y amenazan a esta pareja de amantes.

La máscara invita a la reflexión, a buscar interiorizar y conocer al otro, a indagar la posible existencia de escenarios de alto riesgo. Las mascaras son la advertencia, el aviso, la invitación a ser cauto “Para que no te equivoques”.
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